Por Laura Paddison, CNN. El vertiginoso auge de la inteligencia artificial se ha convertido en un tema políticamente controvertido, especialmente por los centros de datos necesarios para entrenarla y hacerla funcionar.
Casi el 90% de los estadounidenses dice estar más preocupado que entusiasmado por el auge de los centros de datos de IA, según una encuesta de CNN realizada por SSRS en septiembre.
Circulan numerosos datos y estadísticas. Algunos grupos presentan el auge de los centros de datos de IA como una posible catástrofe ambiental, mientras que otros sostienen que las preocupaciones son exageradas o incluso infundadas. El resultado es un panorama confuso.
Entonces, ¿cuánto perjudica la IA al medioambiente? La respuesta, aunque pueda resultar exasperante, es que depende. Los efectos de cada centro de datos varían según numerosos factores, como su ubicación, el tipo de electricidad que utiliza y su tecnología. Además, los proveedores de IA no publican suficientes datos detallados y transparentes, lo que dificulta elaborar un panorama preciso. Por eso es necesario recurrir a estimaciones.
También resulta difícil proyectar los efectos futuros porque existe mucha incertidumbre sobre la evolución de la tecnología y la demanda de IA. Sin embargo, esto es lo que podemos afirmar por ahora: entrenar y ejecutar modelos de IA requiere una enorme capacidad informática y, por lo tanto, mucha energía.
Eficiencia energética
La eficiencia energética de la IA mejora rápidamente, pero cada vez más personas utilizan esta tecnología y proliferan las aplicaciones que consumen grandes cantidades de energía.
Las consultas sencillas de texto, por ejemplo, suelen consumir menos electricidad que una televisión durante el mismo período, de acuerdo con un análisis de la Agencia Internacional de Energía. Sin embargo, las aplicaciones de mayor consumo energético, como la generación de vídeo, pueden requerir miles de veces más electricidad.
Los centros de datos de IA consumieron alrededor del 0,5% de la electricidad mundial en 2025, de acuerdo con un análisis de Our World in Data, que proyecta que la cifra llegará al 1,5% para 2030.
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Electricidad y combustibles fósiles
Como la generación eléctrica mundial depende en gran medida de los combustibles fósiles, este consumo produce más contaminación que calienta el planeta. La fuente de electricidad de un centro de datos es fundamental, ya que cuanto mayor sea la proporción de energía limpia en la red, menor será su impacto climático. Cada vez más centros de datos construyen su propia infraestructura energética para evitar sobrecargar las redes locales y elevar las facturas de los consumidores.
Una estadística citada con frecuencia sostiene que generar un correo electrónico de 100 palabras con un chatbot de IA requiere aproximadamente una botella de agua; es decir, unos 475 mililitros. Sin embargo, Sam Altman, CEO de OpenAI, ofrece otra estimación: afirma que una consulta promedio en ChatGPT utiliza unos 0,33 mililitros de agua.
¿Cuál de las dos cifras es correcta? Como ocurre con muchos de los efectos de los centros de datos, la respuesta depende del contexto y de qué se mida.
Los centros de datos de IA utilizan agua para enfriar sus equipos e indirectamente para generar la electricidad que consumen. El consumo de agua de cada centro dependerá de sus circunstancias: la tecnología que emplea, el tipo de energía que utiliza y la disponibilidad de agua en la zona.
Algunas regiones cuentan con abundantes recursos hídricos, mientras que otras sufren un elevado estrés hídrico. Alrededor de dos tercios de los centros de datos construidos o en construcción en Estados Unidos desde 2022 se encuentran en zonas con estrés hídrico, según un análisis de Bloomberg publicado en 2025.
Agua utilizada
No obstante, el consumo de agua de la IA está lejos de ser insignificante. Los centros de datos de Estados Unidos podrían consumir hasta unos 416.000 millones de litros de agua al año para 2030, una cantidad equivalente al 7% del consumo anual total de los sistemas públicos de abastecimiento del país, según un análisis publicado en marzo por científicos de la Universidad de California en Riverside y otras instituciones.
Algunas de las principales preocupaciones de las comunidades cercanas a los centros de datos están relacionadas con su calidad de vida, incluida la contaminación acústica. También existe el temor de que los centros de datos generen “islas de calor” y eleven las temperaturas del aire y el suelo circundantes.
Minerales y metales
Un aspecto de la IA que suele pasar desapercibido es su demanda de minerales y metales, necesarios para fabricar semiconductores y componentes de almacenamiento de datos, entre otros productos. La extracción de estas materias primas, que con frecuencia se realiza en el sur global, se ha relacionado con la contaminación del aire y el agua, la deforestación, los riesgos para la salud y las emisiones que calientan el planeta.
A medida que la IA se expanda y avance, también generará residuos electrónicos, un tipo de desecho que crece rápido y puede ser tóxico si no se elimina de manera adecuada.
Los expertos señalan que los daños ambientales de la IA no son inevitables. Sus efectos dependerán de las decisiones que tomemos: dónde se ubican los centros de datos, qué fuentes de energía utilizan, cómo se regulan y cuánta transparencia se exige a los proveedores de IA sobre las consecuencias ambientales de toda su cadena de suministro.


