Argentina y EE.UU. negocian un millonario plan de ciberseguridad

Argentina y Estados Unidos negocian un acuerdo de ciberseguridad de hasta USD 13,9 millones para proteger redes estatales, crear un centro de monitoreo informático y evaluar el posible reemplazo de tecnología china en organismos públicos.

| Por La Tribuna
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Argentina y EE.UU. negocian un plan para proteger redes estatalesAME1731. NUEVA YORK (ESTADOS UNIDOS), 23/09/2025.- Fotografía cedida por la Presidencia de Argentina del mandatario Javier Milei (i), junto al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, durante una reunión este martes, en Nueva York (Estados Unidos). Milei mantuvo su primera reunión bilateral oficial con su homólogo estadounidense, Donald Trump, y le agradeció por su "gran amistad" y por su respaldo electoral, algo que consideró "un gesto extraordinario". EFE/ Presidencia de Argentina / SOLO USO EDITORIAL NO VENTAS/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)

La seguridad de las redes públicas aparece como un nuevo capítulo de la cooperación entre Argentina y Estados Unidos. Ambos gobiernos mantienen conversaciones sobre un programa para reforzar la vigilancia de los sistemas informáticos estatales, revisar su infraestructura y evaluar la continuidad de algunos equipos de fabricación china en áreas consideradas sensibles.

Según la agencia Noticias Argentinas (NA), el esquema todavía está en elaboración y podría recibir hasta USD 13,9 millones del Departamento de Estado estadounidense a lo largo de tres años. No existe, por ahora, confirmación de un convenio cerrado ni de la aprobación o transferencia de esos recursos.

Un centro para detectar ataques

Uno de los ejes del proyecto es la instalación de un Centro Nacional de Operaciones de Seguridad (SOC), bajo la órbita del Centro Nacional de Ciberseguridad. Su tarea sería reunir alertas de distintas reparticiones, observar el funcionamiento de redes gubernamentales y coordinar respuestas cuando se detecten amenazas o incidentes.

La propuesta apunta a superar la vigilancia aislada de cada organismo mediante un sistema que permita identificar vulnerabilidades y actuar con mayor rapidez. Para ello se prevé también la formación de especialistas y la revisión de los procedimientos utilizados para compartir información sobre riesgos informáticos.

Antes de introducir cambios en el equipamiento, el plan contempla un inventario técnico de centros de datos, dispositivos y conexiones empleados por dependencias nacionales. Ese diagnóstico permitiría establecer qué componentes requieren protección adicional, cuáles necesitan actualizaciones y qué criterios deberían regir futuras compras públicas.

La tecnología china, bajo revisión

La eventual sustitución de equipos de origen chino constituye el punto más delicado de la negociación. Washington impulsa desde hace años políticas orientadas a reducir la presencia de proveedores que considera riesgosos en redes de telecomunicaciones e infraestructura digital estratégica.

En ese marco, funcionarios estadounidenses han planteado inquietudes por el posible acceso a datos sensibles a través de determinados fabricantes. El embajador de Estados Unidos en Argentina, Peter Lamelas, también ha expresado cuestionamientos hacia compañías como Huawei, vinculados con su interpretación de las obligaciones legales de las empresas chinas ante las autoridades de su país.

Esas posiciones políticas no equivalen, sin embargo, a una constatación de espionaje en Argentina. La información conocida hasta ahora no aporta pruebas de que dispositivos chinos instalados en organismos públicos argentinos hayan sido utilizados para obtener información de manera ilícita.

Tampoco se difundió una nómina de equipos sujetos a revisión, ni una metodología pública para decidir qué tecnología se considerará sensible. Por eso, hablar de una retirada general de productos chinos de las redes estatales sería anticipar una medida que no está confirmada.

Fondos y decisiones pendientes

La cifra de hasta USD 13,9 millones mencionada por NA corresponde a un posible apoyo de Estados Unidos durante tres años. Ese respaldo podría financiar asistencia técnica, capacitación y herramientas destinadas a mejorar la prevención, detección y respuesta frente a incidentes de seguridad informática.

Pero el alcance del aporte, sus condiciones y el calendario de implementación continúan sin precisarse. Tampoco está claro qué organismos integrarían la primera etapa ni si un eventual recambio de dispositivos favorecería exclusivamente a proveedores estadounidenses o admitiría alternativas de otros países.

Más allá de los recursos, el proyecto abre una discusión sobre cómo proteger la información del Estado sin convertir los criterios técnicos de seguridad en decisiones automáticas de origen comercial. La identificación de riesgos requiere evaluaciones verificables de cada sistema y reglas transparentes para seleccionar proveedores.

Las conversaciones se desarrollan en un escenario de creciente competencia tecnológica entre Estados Unidos y China. Para Argentina, un acuerdo podría modificar procedimientos de compra, controles de infraestructura y mecanismos de reacción ante ataques. Su efecto real, sin embargo, dependerá del texto que finalmente adopten las partes.

Hasta que existan definiciones oficiales, la iniciativa debe entenderse como una propuesta bilateral en análisis: incluye monitoreo centralizado y revisión de equipamiento, pero no establece aún un reemplazo masivo de tecnología china ni compromisos financieros ejecutados.

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