Un año después, los robots humanoides de los Juegos de Pekín corren más rápido, saltan más lejos y golpean con mayor fuerza. El progreso presenta un nuevo desafío: aprender a detenerse y conservar el equilibrio.
La segunda jornada mostró máquinas que continuaban corriendo después de aterrizar en salto de longitud, otras que perdían estabilidad en taichí y robots que chocaban durante los partidos de fútbol. En kickboxing, la potencia de los golpes llegó a desplazar protecciones.
Tiangong ganó las dos finales de 400 metros: registró 38,15 segundos entre los robots grandes y 45,66 entre los pequeños. Tianzhuo se impuso en los 1.500 metros con 2:21,64, mientras Tianjiao ganó el salto de longitud con 7,97 metros.
El reto también se trasladó a las manos. Pesar polvo, construir con bloques, recoger judías con pinzas o manipular alimentos permite medir la precisión necesaria para trabajar fuera de los estadios.
Otras pruebas reproducen situaciones cotidianas. Los robots deben atender órdenes verbales, preparar alimentos, servir bebidas y entregar pedidos. También enfrentan una supuesta emergencia en una oficina, donde retiran obstáculos, abren ventanas y colocan señales.
La autonomía recibe mayor valoración: las tareas completadas sin intervención humana obtienen el doble de puntuación que las ejecutadas a distancia. Según la organización, los robots autónomos superaron las expectativas, aunque pequeñas variaciones en los objetos aún pueden desorientarlos.
Las competencias funcionan sobre una infraestructura 5G-A instalada por China Unicom y Huawei. La red prioriza las comunicaciones de los robots y alcanzó una latencia de 18 milisegundos durante la apertura.
Huawei analiza trasladar parte del procesamiento a la nube para reducir el consumo de energía y aliviar las limitaciones de las baterías. Garantizar latencias de 20 o 30 milisegundos en toda Pekín tendría, sin embargo, un costo extremadamente alto.
Mientras parte del “cerebro” podría mudarse a sistemas externos, el reto inmediato sigue siendo físico: después de aprender a correr, saltar y golpear, los humanoides deben dominar una habilidad elemental: saber cuándo parar.


