Ciencia y Tecnología

Wearables blinda operarios del calor generado por cambio climático

Frente al clima extremo en España, la tecnología wearable se convierte en un salvavidas. Pulseras inteligentes sin pantalla, equipadas con sensores biométricos de alta precisión, monitorean a los operarios al aire libre para prevenir los temidos y letales golpes de calor.

| Por La Tribuna
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Un operario del Ayuntamiento de Barcelona realiza tareas de jardinería equipado con una pulsera térmica, un dispositivo inteligente que monitorea la temperatura corporal y emite alertas visuales y sonoras ante el riesgo de sufrir un golpe de calor.JOSEP LAGO

Barcelona (AFP). En la primera línea del cambio climático, España está históricamente acostumbrada a lidiar con las altas temperaturas, lo que ha obligado a replantear por completo la seguridad de quienes trabajan a la intemperie. La respuesta a esta amenaza ha llegado de la mano de la innovación tecnológica. Tras lamentar varias muertes de trabajadores ligadas a las inclemencias del clima en los últimos años, la adaptación ya no es un lujo, sino una urgencia vital. Hoy, la tecnología de prevención de riesgos y la recolección de datos biométricos en tiempo real se han posicionado como la principal barrera entre un empleado y una tragedia térmica.

El Ayuntamiento de Barcelona como medida de prevención ha repartido este año entre sus empleados expuestos al aire libre un total de 1.400 pulseras.

Un biosensor de rescate en la muñeca

A nivel de hardware, el concepto de este dispositivo se destaca por su brillante simplicidad y eficiencia energética. Estos equipos wearables, que recuerdan físicamente a un reloj digital tradicional, pero carecen por completo de pantalla, poseen un avanzado sensor interno enfocado en una única tarea: detectar y medir la temperatura corporal de forma constante. Su sistema de alerta está diseñado para ser infalible, incluso en entornos urbanos ruidosos o de mucha luz solar. Si el trabajador se aproxima a valores térmicos que pudieran derivar en un temido golpe de calor, el dispositivo se activa de inmediato emitiendo una intensa luz roja parpadeante y un sonido agudo.

“Es un elemento más de seguridad. Como se supone que pita antes de que tú tengas síntomas, te permite salirte de la zona de trabajo donde estés, beber agua y ponerte a la sombra”, explica el operario a la agencia AFP. El éxito de esta tecnología radica en su capacidad de anticipación: el sensor actúa y alerta mucho antes de que el cuerpo humano colapse por sobrecalentamiento. A este escudo tecnológico se le suma un protocolo humano estricto: el uso de gorras refrescantes especiales, la prohibición de trabajar en solitario y las pausas periódicas para la hidratación, complementando la precisión digital con el cuidado mutuo.

El impacto de la medición en la rutina laboral

La integración de la tecnología en el control térmico es solo el reflejo de un cambio estructural en las normativas del país. En Madrid, donde el cemento potencia el calor y los termómetros superan con facilidad los 38 ºC, la rutina debe reinventarse basándose en los datos climáticos. El punto de inflexión legal y social ocurrió en julio del 2022, cuando un operario de 60 años que limpiaba calles en Madrid falleció por un golpe de calor, un fenómeno físico donde el termostato natural del cuerpo falla y se recalienta sin control. Carmen Mancheño, del sindicato Comisiones Obreras (CCOO), recuerda que aquel suceso “activó a la población y también al Gobierno”. Como resultado directo, una normativa aprobada en el 2023 obliga a los empleadores a adaptar los horarios cuando las alertas naranjas y rojas de la agencia estatal de meteorología se activan.

Pese a que desde los años noventa existe una ley que prohíbe superar los 27 ºC en espacios cerrados —algo que no siempre se cumple en centros educativos—, la protección en exteriores sigue siendo un reto. Mancheño admite que el cumplimiento de la nueva ley es alto en la construcción y limpieza urbana, pero bajo en otros sectores. Para endurecer los controles, el Ministerio de Trabajo, liderado por Yolanda Díaz, quien afirmó que “en el siglo XXI, nadie debe enfermar ni morir en su puesto”, duplicó las sanciones. Las multas a empresas pasaron de 706.419 euros en el 2022 a proyectar casi 1,6 millones para el 2025. Sin embargo, para los trabajadores independientes al margen de las grandes normativas y la tecnología wearable, como el quiosquero Fernando García de 64 años, la prevención sigue siendo puramente analógica: “beber agua, echarte agua en la cara con un rociador y aguantar (...), no hay otra”.

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