Kate Darling, investigadora del MIT, sostiene que integrar robots para complementar habilidades humanas es más productivo que sustituir trabajadores, ya que las máquinas se destacan en tareas repetitivas y los humanos en lo inesperado. Propone ver a la IA como apoyo funcional.
Barcelona (EFE). Complementar a los trabajadores humanos con las habilidades específicas de los robots es más productivo que sustituirlos, según la investigadora del Massachusetts Institute of Technology (MIT) Kate Darling, una de las referencias internacionales en el estudio de la interacción con esas máquinas.
“Las personas tienen la capacidad de lidiar con sucesos inesperados. Incluso en almacenes y fábricas, con ambientes muy estructurados, si un clavo cae al suelo, necesitas a un humano”, señaló Darling en el Talent Arena, un evento simultáneo del Congreso Mundial de Móviles de Barcelona (MWC, siglas en inglés).
Ni herramientas ni personas: robots
Darling, autora del libro “The new breed”, advirtió de que uno de los problemas actuales en el debate sobre la robótica y la inteligencia artificial es que se comparan constantemente con la inteligencia humana, cuando, a su juicio, sería más útil pensar en ellas en términos similares a las habilidades animales.
“Es aburrido intentar recrear algo que ya tenemos. Podemos crear algo que apoye las capacidades humanas o que nos permita hacer cosas que antes no podíamos”, apuntó la experta, que durante catorce años ha estudiado la relación con los robots y la IA
En su opinión, del mismo modo que a lo largo de la historia los humanos se han apoyado en las capacidades de los animales para potenciar, y no sustituir, sus propias habilidades, la tecnología puede desempeñar ahora ese papel.
En el ámbito laboral, defendió que los intentos de reemplazar a los trabajadores suelen encontrar límites prácticos. Las máquinas funcionan especialmente bien en tareas estructuradas y repetitivas, mientras que los humanos destacan en la adaptación a lo imprevisto.
“Si combinamos esas capacidades de forma creativa, podemos escalar la producción de manera mucho más potente que si simplemente intentamos sustituir a las personas”, explicó.
Antropomorfizar la tecnología
A su juicio, la tendencia a antropomorfizar la tecnología responde a un condicionamiento biológico: los humanos están programados para reconocer rostros y señales de vida, y el movimiento autónomo es un potente detonante de esa percepción.
“Incluso algo tan simple como un robot aspirador, porque se mueve por sí solo, hace que la gente le ponga nombre”, señaló la investigadora, que admite que ella misma nombró al suyo “Bobby”.
En su opinión, esta inclinación no desaparecerá y algunos sistemas serán percibidos como herramientas, mientras que otros serán vistos como compañeros.
Sobre las futuras regulaciones relativas a la robótica, anticipa que “probablemente querremos proteger aquello que sentimos emocionalmente cercano”.
La investigadora subrayó que buena parte del debate público sigue condicionado por la idea de que el objetivo de la inteligencia artificial es reproducir la humana, una aspiración que, según sostuvo, estuvo en el origen de la disciplina y aún guía a muchos desarrolladores.
Sin embargo, esa comparación es limitada. Las máquinas superan ampliamente a los humanos en determinadas tareas, como el cálculo matemático, el ajedrez y la detección de patrones en grandes volúmenes de datos, pero cometen errores que a una persona le resultarían evidentes por falta de contexto, advirtió.


