Uruguay lidera la región en movilidad eléctrica: en el 2025, el 20% de los autos vendidos fueron a batería, con un crecimiento del 147%. Es el país con más eléctricos per cápita gracias a incentivos fiscales y una matriz 98% renovable.
La “revolución silenciosa” de los autos eléctricos en Uruguay se ve más de lo que se oye. En Montevideo, los vehículos a batería ya forman parte del paisaje urbano y, a diferencia de otros mercados latinoamericanos donde siguen siendo nicho, en Uruguay avanzan a un ritmo que sorprende por su velocidad y consistencia.
El primer dato duro que explica el fenómeno está en la comparación regional: el país alcanzó el mayor número de vehículos eléctricos livianos per cápita de América Latina, con 5.382 por millón de habitantes a diciembre del 2024, de acuerdo con un estudio de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (Olade). Ese liderazgo no quedó congelado en una foto estadística: desde entonces la adopción siguió creciendo.
El segundo dato clave es comercial: uno de cada cinco vehículos 0 km vendidos en el 2025 en Uruguay fue eléctrico (alrededor de 20% del total), según la Asociación del Comercio Automotor (Acau). Y no fue un salto marginal: las ventas de eléctricos crecieron 147% interanual frente al 2024. En términos absolutos, Acau reportó 14.387 vehículos eléctricos comercializados en el 2025, un promedio de 39 por día.
Ese desempeño coloca a Uruguay en la cima del ranking regional de “penetración” de eléctricos en ventas nuevas que elabora Zemo (observatorio sin fines de lucro). En Costa Rica, que venía liderando, la proporción de eléctricos en vehículos nuevos fue 17% en el 2025. Y en el promedio regional —sin incluir países como Bolivia, Honduras, Nicaragua o Venezuela por falta de datos— los eléctricos representaron apenas 6% de las ventas, muy lejos del 20% uruguayo, una tasa comparable con la de Europa. En palabras del experto regional de Zemo, Juan Diego Celemin, Uruguay “entra a tener tasas de crecimiento francamente explosivas en el 2025” y se vuelve “la estrella ascendente” que domina la región.
¿Por qué Uruguay puede acelerar así? Hay tres motores estructurales.
1) Incentivos y costos de propiedad. Diversas notas y análisis coinciden en que los estímulos fiscales empujaron la demanda: los eléctricos no pagan IMESI, suelen tener bonificaciones en patente y, en ciertos casos, beneficios asociados a importación. En el 2026, el MIEM formalizó un esquema preferencial de tributación que incluye una alícuota reducida: 3% para eléctricos 0km (sobre valor de mercado sin IVA) y 2,25% para eléctricos usados empadronados hasta el 31/12/2025.
2) Electricidad mayoritariamente renovable. Electrificar el transporte solo “descarboniza” de verdad si la red eléctrica es limpia, y ahí Uruguay parte con ventaja: el operador del mercado eléctrico (ADME) informó que en el 2024 el país alcanzó 99% de generación eléctrica con fuentes renovables. Y un reporte preliminar citado por PV Magazine LATAM indica que el 2025 cerró con 98% renovable (y apenas 2% fósil) en la electricidad entregada al sistema.
3) Red de carga en expansión (aunque presionada). UTE, la eléctrica estatal, desplegó infraestructura con una lógica de cobertura territorial: el objetivo es ubicar cargadores a una distancia promedio de 50 km para facilitar viajes interurbanos. Sin embargo, el crecimiento del parque está tensionando esa red. Un reporte de prensa uruguaya contabiliza 587 cargadores instalados en el país (unos 150 privados y el resto de UTE) y señala que la empresa prevé instalar 300 nuevos cargadores en el 2026.
Ahí aparecen los límites. El primero es el más obvio: infraestructura. Aunque la red crece, los picos de demanda generan “colas” y quejas; el propio plan de expansión se apoya en detectar puntos de saturación. El segundo límite es doméstico y urbano: cargar en casa —lo ideal para bajar costos y evitar esperas— no siempre es simple en edificios con garaje compartido o sin adecuaciones eléctricas. El tercero es económico: aun con incentivos, el precio de entrada sigue siendo alto para parte del mercado y la transición se concentra en determinados segmentos (por ejemplo, SUV y flotas), mientras el mercado usado recién empieza a ganar reglas e instrumentos específicos.
Uruguay, en síntesis, está logrando algo inusual en la región: convertir la movilidad eléctrica en una adopción masiva incipiente, sostenida por incentivos, una matriz eléctrica casi libre de fósiles y una infraestructura pública que intenta correr detrás de una demanda que se aceleró de golpe. La revolución es “silenciosa” por el sonido del motor; pero sus números —per cápita, penetración y crecimiento— hacen bastante ruido en el mapa latinoamericano.


