Octubre, mes luctuoso de la aeronáutica paraguaya

Octubre pasó a ser conocido como el mes luctuoso de la aeronáutica paraguaya por la muerte, en territorio argentino, de tres de sus pioneros: Silvio Pettirossi, Arturo Escario y Victorio Barbero. Esos hechos, cercanos en el tiempo, marcaron profundamente el desarrollo inicial de la aviación en Paraguay y dejaron consecuencias tanto prácticas como simbólicas que se hicieron sentir durante años.

| Por Fabian Chamorro Torres
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El pionero de la aviación paraguaya Silvio Pettirossi tenía apenas 29 años cuando falleció durante una maniobra acrobática.

El 17 de octubre de 1916 murió Silvio Pettirossi, nacido en Asunción en 1887, y considerado el principal precursor de la aviación paraguaya. Se había formado en Reims, Francia, y alcanzó reconocimiento por sus exhibiciones acrobáticas y maniobras audaces. Mientras probaba su monoplano Deperdussin, una maniobra sometió la estructura a un esfuerzo mayor del soportable; una de las alas se desprendió y la máquina cayó. Pettirossi tenía 29 años. Su muerte produjo gran consternación en Paraguay y fuera del país, y supuso un duro golpe técnico y moral para una comunidad aeronáutica que aún estaba en sus comienzos.

Tres años después, el 1 de octubre de 1919 murió Arturo Escario, nacido en Villarrica en 1896 y el segundo piloto paraguayo con título. Escario se había formado en el aeródromo de Cuatro Vientos, en España, y trabajaba para fortalecer la institucionalidad aérea en Paraguay. Fue enviado para recibir dos hidroaviones donados por Italia, los primeros aparatos estatales del país. Al intentar despegar sobre el Río de la Plata en un hidroavión Macchi-Löhner L.3, la máquina sufrió un fallo y se estrelló; Escario resultó gravemente herido y falleció al día siguiente, con 23 años. Su muerte interrumpió proyectos de formación y la idea de crear una escuela nacional de aviación.

Finalmente, el 29 de octubre de 1921 perdió la vida Victorio Barbero, nacido en Asunción en 1893. Barbero se había graduado en la Escuela de Aviación Militar de El Palomar, Buenos Aires, el 23 de octubre de ese año —apenas seis días antes— y durante un vuelo de instrucción en un biplano Avro 504K sufrió un accidente mortal cerca de la capital argentina.

La suma de estas pérdidas dejó a Paraguay, para 1922, sin aeronaves ni suficiente personal operativo, lo que obligó al gobierno a contratar aviadores extranjeros durante la guerra civil de ese año. Octubre, por eso, quedó instalado en la memoria aeronáutica del país como un mes de dolor que frenó el crecimiento de su aviación.

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