La resistencia boliviana parecía indoblegable, las tropas paraguayas habían logrado al fin poner pie en las primeras trincheras, pero Boquerón no caía. La batalla había empezado el 9 de septiembre y para los días 27 y 28 de septiembre los combates eran encarnizados. Desde un avión boliviano llegó al fortín un mensaje para Marzana: debía resistir diez días más, para poder recibir refuerzos que lo ayuden a enfrentar a las tropas paraguayas que habían rodeado completamente el fortín.
El Teniente Coronel Manuel Marzana Oroza (1889 - 1980) era el militar de mayor rango al mando de las tropas bolivianas que defendían Boquerón. Había estudiado en Sucre. Ingresó en el colegio militar en 1907 y en 1914 logró el grado de teniente. Fue edecán del presidente José Gutiérrez Guerra (1917-1920).

En el comienzo de la guerra comandó el regimiento Campos 6.º de infantería. En julio de 1932, a los 43 años, participó en la ocupación del fortín paraguayo Boquerón. Reemplazó al teniente coronel Luis Emilio Aquirre que falleció en la emboscada paraguaya mientras se izaba la bandera boliviana en el fortín. Durante veinte días resistió el embate de las fuerzas paraguayas que rodearon el fortín y que eran superiores en cantidad.
El 29 de septiembre de 1932, el sitio ya era imposible de soportar. Se rindió con los hombres que le quedaban al mando y permaneció como prisionero de guerra en Paraguay durante casi cinco años, hasta 1936. En ese año fue nombrado prefecto de Chuquisaca. En 1937 fue ascendido a coronel y en 1962 el senado boliviano lo nombró de modo honorífico General de Brigada. Marzana representa la valentía del soldado boliviano que defendió el fortín durante tantos días. Murió a los 90 años en La Paz el 4 de enero de 1980.

La Tribuna en aquel entonces remarcaba que los soldados bolivianos no estaban muy compenetrados con la guerra, incluso hubo muchos desertores. Además, el presidente Daniel Salamanca enfrentaba graves conflictos en su gabinete.
Otro conflicto en América
Por aquellos días, no solamente la Guerra del Chaco ensombrecía al continente. En septiembre de 1932 se había desatado otro conflicto: La guerra Colombo-Peruana, cuando un grupo de peruanos se apoderaron del municipio de Leticia, al sur de Colombia, en la zona amazónica y limítrofe con el Perú. Se desató una guerra que se extendió hasta abril de 1933, volviendo la ciudad de Leticia al territorio colombiano.


