Ganadora del festival del Lago, reconocida por sus pares en diferentes países, con una labor filantrópica palpable y una calidad humana atrapante, Lizza celebró el último concierto de su gira por sus cuarenta y cinco años de labor artística profesional.
El recital se realizó el pasado jueves en el Teatro Municipal. Con la sala llena de sus seguidores, familiares y amigos, el concierto vio su inicio a las 20:30.
“45RPM” (45 Revoluciones por minuto) es el nombre que le dio al concierto que inició con fotografías de su juventud proyectándose en las pantallas que sirvió de antesala a la primera canción: “Yo soy la morena”, esa polca de Carlos Sosa que ella la supo popularizar mediante sus primeras presentaciones.
Lizza se mantiene vigente por esa proyección y potencia vocal que conjugada con una interpretación justa y emotiva dando como resultado un espectáculo en donde se aprecia el talento y la profesionalidad.
Talento y profesionalidad forjada entre estudios y presentaciones sobre tablas, en peñas, jornadas creativas y laboratorios musicales. Luego interpretó “Embajadora”, otras de las piezas que forma parte desde sus primeros repertorios.
Todas estas canciones formaron parte de un primer acto que llevó el nombre “La semilla y el fuego”, significando el inicio de su sendero musical profesional. El maestro Sergio Cuquejo fue convocado al piano con quien interpretó “Nde resâ kuarahy’âme”, una polca romántica con letra de Teodoro S. Mongelos y música de Julián Alarcón. Si la letra de esta pieza de por sí evoca un romance elegante y estético, Cuquejo y Bogado lo llevaron a otro nivel interpretándola al ritmo de la guarania, generando una atmósfera lenta y amorosa. El público no dudó en ovasionarla con aplausos.
Cantando y contando
Para cada acto, hubo una presentación interpretada por una bailarina con traje típico paraguayo al son de un breve fragmento instrumental de su canción “Un solo canto”.
Para esta sección ingresó con un vestido azul y un sombrero blanco, con una actitud desafiante con la que interpretó su tema “Canto y plegaria”, con la que recordó a su maestro y compañero el arpista César Cataldo. Esta sección recorrió su espíritu más combativo, que se traduce en canciones e interpretaciones que cuentan y denuncian las inquietudes de los pueblos. Así, cantó “A veces quiero ser”, una polca que la escribió junto a Mario Casartelli y Augusto Barreto. “Gracias a la vida” pero al ritmo del landó, con una quijada de burro pero tallada en madera en mano, evocando el espíritu afroperuano.
“Cambia todo cambia” prosiguió en la lista, con el público cantando el coro a todo pulmón y toda la emotividad que Lizza sabe demostrar. El acto cerró con “Solo le pido a Dios”.
El tercer acto llevó el nombre de “Sin fronteras”, en donde hizo referencia a su faceta en donde le cupo viajar por el globo terráqueo compartiendo y grabando con diversos artistas y en distintos géneros. Así cantó en inglés, francés, español y guaraní. “Ne me quitte pas” sirvió para bajar los decibeles y presumir de su capacidad de interpretar casi cualquier género respetando el lenguaje musical imponiendo su impronta característica.
Antes de cerra la noche presentó a sus invitados: Purahei Soul. Junto a Jeni Hicks y Miguel Narváez interpretó “Desapego” pero en una bella versión en guarania.
Junto a Néstor Ló cantó “Paraguay mi pasión”. El autor de “Mamáma” pidió aplausos para ella diciendo: “Un aplauso para la mamá guasu del folclore”, a lo que el público respondió con un ensordecedor bullicio.
La última sección fue la más emotiva para Lizza, cantó sus obras dedicadas a su madre, a su papá, a cada uno de sus hijos, a su esposo, a su nieta, a su abuela. Y en cada canción defendió su vigencia que sin dudas marca el camino de muchas cantantes emergentes.
Lizza es talentosa, valiente, resiliente, emotiva, honesta y con una esperanza infranqueable de poder ver un país mejor.
Antes del último tema, expresó: “Apuesten a los artistas y producciones nacionales. Estos conciertos los empecé a trabajar hace dos años. Siempre será lindo ver lleno este teatro y que escuchen música nacional porque hace falta que nuestra industria florezca”. “Ojalá que el Paraguay se levante en un solo canto sin corrupción, una patria libre que dejemos de ser la nación bajo el infortunio sino que derrote al infortunio. Gracias mi gente querida”.
Se despidió con “Un solo canto”, y con 45 años de carrera sólida sobre sus hombros.

