Jesús amaba a Asunción, pero a una ciudad que ya no existe, como la que describió en su libro “Madre de ciudades: La del no me acuerdo y la del no sé” (Servilibro, 2016), una colección de crónicas que sirve tanto como libro de memorias, como un espacio para explayarse sobre el discurso de la violencia y la violencia del discurso. Precisamente, lo que Ruiz Nestosa llama el discurso de la violencia se ha valido de esa aversión local a registrar la historia, que con excusas como “no me acuerdo” y “no sé”, ha campeado a sus anchas.
El escritor y periodista, nacido el 26 de junio de 1941, siempre apostó por la libertad y en contra de la mediocridad y el fascismo. Eso pudo apreciarse tanto en sus columnas periodísticas como en sus cuentos y novelas. Siempre riguroso y exigente. Ocultaba su timidez con una actitud agresiva, coraza de la que se desprendía ante sus amigos y delante de posturas humanas y coherentes. Era muy respetuoso con lo auténtico.
Así, era muy crítico con la burguesía paraguaya y todo lo reaccionario. “En mis novelas hay mucho sexo porque era una manera de resistencia y oposición a un sistema hipócrita y convencional, cavernario y reaccionario. En mis novelas vas a encontrar el tema del sexo, la soledad, la libertad y la muerte porque son cosas que siempre me preocuparon”, nos había dicho en una entrevista.
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Mientras “Las Musarañas” (1973) es una crítica a la burguesía, en “Los Ensayos” quiso recrear la soledad del creador en una sociedad mediocre como la nuestra. “En la novela quería poner en evidencia la mediocridad de la gente que rechaza al creador”, dijo en la misma entrevista. “Diálogos prohibidos y circulares” (1995) describe a una sociedad opresiva a través de los padecimientos de un grupo de estudiantes de colegio.
En todos sus libros, experimenta con la forma del texto. “Las Musarañas” es un monólogo interior sin pausas, es decir, sin signos de puntuación. En los relatos de “El contador de cuentos” (1980) se vale tanto de la crónica periodística en “La transmigración” como de una narración desestructurada en el cuento que da título al libro. Ruiz Nestosa experimentó con la estructura del texto, no solo en la forma sino también en el léxico utilizado y la temática.
“Desde que entendí que debía trabajar el texto, se me abrió un campo inmenso. Por eso, en cada libro, antes que inventar la trama, es inventar el lenguaje. Presenté mi novela “Las Musarañas” a un concurso pero fue rechazado porque, según me dijeron, no tenía la estructura de una novela y carecía de un lenguaje literario. Pero todo mi esfuerzo fue precisamente hacer eso”, decía Ruiz Nestosa en la misma entrevista.
Una imagen que vale mil palabras
La fotografía era una de las pasiones de Jesús, desde muy joven, y fue su foto más famosa la que más apareció en estos días para recordarlo: La imagen de Augusto Roa Bastos expulsado de Paraguay, en 1982. La historia de esta foto la cuenta en “Madre de Ciudades”. La misma recorrió el mundo como una denuncia del regimen stronista que expulsaba al gran escritor.
Como fotógrafo desarrolló una labor experimentalista primero, para luego desarrollar una imagen más realista retratando la espesura de la vegetación o calles vacías e impersonales. En su última visita al país, en octubre del año pasado, presentó la exposición “El Tormes del Lazarillo”, en la Casa Bicentenario de las Artes Visuales. Retrataba las riberas del río Tormes, que cruza Salamanca, un diálogo visual con “El Lazarillo de Tormes”, la novela anónima que revolucionó la literatura universal.
Las fotos mostraban lugares que parecían eternos, donde no se notaba la mano del hombre, como si permanecieran igual desde los tiempos del Lazarillo. Está en nuestras manos que las obras de Ruiz Nestosa no queden en el olvido, que sus palabras a favor de la libertad y contra la violencia llegue a futuras generaciones.


