Hoy jueves 27 de agosto se celebra el “Día Nacional de la Guarania”, declarado por la Ley N° 4310 en el año 2011, en honor a la fecha del nacimiento de su creador José Asunción Flores.
En el 2025 se cumplieron 100 años de la primera guarania instrumental tocada en público: Jejuí. Y este año se recuerda el centenario del estreno de la primera guarania cantada: “Arribeño Resay”.
En diciembre serán dos años de que la UNESCO declaró a este género como “Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad”. Hitos de gran relevancia para la guarania y para la cultura paraguaya en general.
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Pero el ejercicio de la memoria histórica sigue siendo una iniciativa gubernamental pendiente desde el 3 de febrero de 1989. En esa línea, es crucial recordar que Flores, a mediados de la década de 1960, fue difamado sobre su autoría como creador de la guarania en publicaciones periodísticas de la época. Flores tuvo que salir a desmentir estos hechos en sus memorias. Más adelante su música y la guarania en general había sido prohibida por el régimen de Alfredo Stroessner.
Gran parte de sus testimonios clave fueron rescatados posteriormente en el libro “Memorias – José Asunción Flores”, obra de los periodistas Antonio V. Pecci y Alcibíades González del Valle.
En uno de sus pasajes, un párrafo sentencia: “Desde luego que la opinión pública del Paraguay y de otros lugares del mundo entero tiene que saber que mi ideología política estimula hondamente mi tarea de creación. La clase de política que sustento yo, lejos de dañar estimula y fortalece no solo al Paraguay sino a la humanidad entera”.
Por tanto, es el propio maestro quien confirma que su bandera artística jamás caminó divorciada de su militancia política (fue un activo miembro del Comité Central del Partido Comunista). De hecho, el maestro Flores detalla en sus memorias cómo se orquestó esta embestida.
Campaña de desprestigio
Para orquestar el descrédito, Flores señala que el régimen recurrió a figuras del círculo íntimo que frecuentaba la vivienda de su gran amigo, el poeta Manuel Ortiz Guerrero.
“La guarania no es producto de silbidos ni de canturreos como los que escuchaban, según Leopoldo, Ortiz Guerrero y él en la mocedad, andando por los caminos de Caaguazú”. “…Ortiz Guerrero nunca me habló de tales silbidos ni de tales canturreos de alzaprima”; así denunciaba Flores en sus páginas, desmontando la fábula que pretendía instalarse desde la narrativa adicta a Stroessner.
Específicamente, la operación se desplegó dentro de un artículo firmado por José Bernabé con fecha del 31 de enero de 1960. Y añade Flores en sus escritos: “La prueba de la infamia la tenemos en el hecho de que se esperaron más de treinta años para largar la pus que tienen en la mente y en el espíritu”.
Otras publicaciones de similar calaña, evoca el compositor, se propagaron en 1968. Fue precisamente ese acoso el detonante que impulsó al maestro a plasmar su autobiografía, determinado a desarticular cualquier narrativa que empañara su prestigio internacional.

Conviene subrayar que estos relatos sobre los silbidos atribuidos al vate villarriqueño vieron la luz varias décadas después de su fallecimiento. La versión cobró aire una vez muerto Ortiz Guerrero, tejiendo un velo de sospecha sobre la veracidad de lo publicado.
A Flores se le prohibió pisar de nuevo su patria, incluso tras su muerte. Fue proscrito por sus convicciones políticas, por su afán de perseguir ideales a través de la cultura y la democracia. Un silenciamiento histórico del que poco se ha hablado y sobre el que resulta indispensable arrojar luz.
Tras iniciativas colectivas y privadas, los restos de Flores hoy descansan en la plaza que lleva su nombre, frente a la excárcel de mujeres “El Buen Pastor” (Avenida Mariscal López casi Médicos del Chaco). Sus restos siguen ahí, pendiente de un pedido de disculpas públicas del Estado por haberlo marginado por pensar diferente. Si no, todo el esfuerzo desplegado en la “Semana de la guarania” no será más que una efímera parafernalia.


