Cerca de las 23:00 del sábado pasado, el grupo integrado por Javier Zacher (voz y 2da. guitarra), Celso “Cachito” Galeano (bajo), Rodney Cords (1ra. guitarra) y José “Batoloco” Gaona (batería) subió al escenario con el local repleto de remeras negras y griterío de los impacientes que ya exigían que la fiesta inicie.
La agrupación ingresó al escenario y desparramó todo el rock creado y procesado en más de dos décadas de carrera musical. La banda interpretó más de treinta canciones de todos sus discos y una mezcla de emociones se apoderó de todo el público que no pudo más que corear cada tema entre saltos, gritos, abrazos y algún vaso de cerveza o fernet.

El repertorio fue hilvanado de forma conjunta por la banda, con el que fueron entrecruzando diversas canciones de todos sus álbumes. Pasadas la una hora de concierto, interpretaron “Anillo de Cristal”, coreada a toda potencia por los presentes. Al final, y con más mucho rock recorrido, el público aprovechaba los silencios para cantar al estilo barra brava: “Olé olé olé olé, Sala, Sala…”.
La cosa se fue relajando más con temas como “Cosas que pasan”, del disco “Alma en peña”.
Luego un clásico de todo el repertorio: “Finito”, fue el punto clave para que los que se estaban dirigiendo al baño o a la barra para comprar más birras, volvieran corriendo para cantar junto a propios y extraños esa canción que sigue sonando en las radios.
La introducción del tema que se sostiene en los riffs del entonces guitarrista Willy Chávez, generó un estallido de gritos que luego se convirtieron en un coro unísono que parecía amenazar con destechar el local.
Por los amigos de ayer hoy y siempre
Me tomo el atrevimiento de dedicar esta reseña a mi mejor amigo William Iván Báez Oviedo (+) quien en vida me hizo escuchar a Sala. A causa de sus visitas a casa y sus insistencias para ir a los conciertos de los chicos de Ypacarai terminé amando a la banda, a cada integrante con quien me cupo compartir en distintos momentos.
El tema “Canción corta para los amigos” sin dudas lo canté con fuerza para que llegue hasta el cielo, o a algún lugar. Mismas emociones se vieron en el público, entre risas, algunas lágrimas, abrazos y empujones, la canción provocó una marea de gente vibrando alto en pleno microcentro asunceno.
Entre tema y tema Javi soltaba su clásico “¡Muchas gracias gente!”. Temas potentes como “El dedo acusador”, u otros más románticos como “Lo que me gusta de tí”, “Día gris” o “Solito” prosiguieron en la lista de canciones que fueron acompañadas con mucha energía por el público.
A la noche del aniversario no le faltó nada: amigos, birras y mucha música. Salamandra sigue manteniendo esa honestidad de sus letras y la sencillez y potencia de su rock que moviliza a miles en cada concierto. Cantando al amor, a los amigos, a la vida…
Antes de cerrar con “Alcatraz”, Javi agradeció a todo el equipo: “Salamandra no es solo lo que ven arriba. Gracias a los Salamandra que están frente nuestro, a los Salamandra que hacen posible el sonido, la técnica… Somos salamandra y hasta siempre gente”.
Los dueños del local se portaron como corresponde, con amabilidad, camaradería y respeto. La noche terminó con la clásica imagen del público en la calle, sentados en la vereda descansando y digiriendo tanto rock vivido en casi ciento veinte minutos.


