Revolver, psicodelia en blanco y negro

Y un buen día, a comienzos de los ochenta, apareció por casa “Revolver”. Uno de mis hermanos lo prestó de alguno de sus amigos. En aquel entonces me consideraba un fan incondicional de Los Beatles y conocía varias de sus canciones, pero nunca había escuchado este álbum completo. Fue una experiencia transformadora.

| Por Sergio Ferreira
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Portada de “Revolver”, una genial creación del alemán Klaus Voormann.

Desde que lo vi en la disquería Music Hall me llamó la atención su extraña tapa en blanco y negro en el que las melenas de los Fab Four se entreveran dejando escapar pequeños Beatles entre los pelos. Un estupendo collage hecho por Klaus Voormann, amigo del cuarteto desde las tocatas en Hamburgo.

Arrancamos por el inicio, como corresponde, con “Taxman”, que comenzaba contando “one, two, three, four” de una forma tan diferente a aquel de “I Saw Her Standing There” del primer álbum. Mientras éste era urgente e inocente a la vez, aquel era cansino y con un dejo de desencanto que ya anunciaba unos Beatles diferentes desde los primeros acordes.

Pero no eran Beatles tan extraños para mí, que para ese entonces me conocía sus principales éxitos al dedillo y este disco traía varios clásicos: “Eleanor Rigby”, “Yellow Submarine”, “Good Day Sunshine”, entre otros. Pero al llegar al último tema, algo pasó. Todo se puso raro: la voz muy al fondo (lejana, tal vez), la batería machacante y la instrumentación muy distinta con sonidos que parecían estirados. “Mañana nunca se sabe”, decía el nombre en castellano de la versión argentina del vinilo que había llegado a casa. El tema era la apertura a un mundo nuevo. Los Beatles me abrían una nueva puerta, que me ayudaría a entender después a Pink Floyd, Can, Stockhausen, el Miles Davis de “Bitches Brew”, en fin, todo un mundo nuevo, desafiante. Lo que no se conoce, como el título de la canción.

El pasado 5 de agosto se cumplieron sesenta años del álbum “Revolver”, al que muchos consideran la obra maestra de Los Beatles (otros prefieren “Sgt. Pepper” o “Abbey Road” e incluso “Rubber Soul”), pero no creo que nadie niegue la genialidad de las canciones de “Revolver”, aunque otro sea su álbum preferido. Fue el primero del período psicodélico de Los Beatles. Se entregaron a la experimentación de lleno, no solo en las letras sino también en la instrumentación y en la utilización de los recursos del estudio, y por supuesto, del LSD. Un joven ingeniero de solo veinte años se había sumado al staff de EMI en ese entonces, Geoff Emerick, tan deseoso de experimentar como los mismos Beatles. Y el tío George Martin ya estaba más que convencido de la inventiva de los muchachos, que les daba rienda suelta.

El álbum se grabó entre abril y junio de 1966, luego de las primeras vacaciones que el grupo pudo tomarse, entre enero y marzo de dicho año. 1965 había sido agotador con las giras, la película “Help!” y las grabaciones. Pero la experiencia con el álbum “Rubber Soul” fue una muestra de que el grupo podría aportar más y “Revolver” fue la prueba.

Luego del arranque de “Taxman”, el disco continúa con “Eleanor Rigby”, una canción madura sobre la soledad en la que la voz de McCartney es acompañada por una orquesta de cámara. “I’m Only Sleeping” y “Love You To” tienen el clima indio de la época, principalmente esta última que es una suerte de respuesta al “Love Me Do” del primer disco, a cargo de George Harrison. Sigue “Here, There and Everywhere”, una hermosa canción de amor, típica de McCartney.

“Yellow Submarine”, cantada por Ringo Starr, tiene el candor de una tonada infantil pero está llena de experimentación en la recreación de los sonidos del submarino.

“She said” es una canción LSD, muy de Lennon, enigmática en su letra, pero atrapante en su melodía, conducida por la guitarra de Harrison.

El lado dos abre con toda la buena onda de “Good Day Sunshine”. Le sigue “And Your Bird Can Sing”, un tema que disgustaba a su autor, Lennon, aunque la versión que está en el “Anthology II” de esta canción, con los Beatles riéndose, pinta mejor el ambiente en que se desarrolló la grabación de “Revolver”.

“For No One” es una genialidad de McCartney, de una belleza mesurada, mientras que “Dr. Robert” es una travesura típica de Lennon. “I Want to Tell You” es una joya escondida de Harrison, orquestada por McCartney. Sigue “Got to Get You Into My Life”, una explosión soul de Paul que se convirtió en un éxito en el repertorio beatle a pesar de ser atípica en su estilo. Y llegamos al cierre con “Tomorrow Never Knows”, con su sonido abstracto, logrado al reproducir al revés los instrumentos; el estallido psicodélico de este álbum en blanco y negro, que auguraba una detonación mayor, ya en colores, para el año siguiente: “Sgt Pepper’s Lonely Heart Club”.

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