Adise nació en Santa Fe, Argentina y su infancia transcurrió entre Buenos Aires y Asunción. Su trabajo parte de una búsqueda constante: encontrar una voz propia, una manera honesta de expresar lo que a veces no puede decirse con palabras. Se inspira en las culturas indígenas, en los símbolos nativos y en la potencia expresiva de los rostros humanos. El gesto mínimo, la textura de una piel o la mirada fugaz son elementos recurrentes en sus piezas. En los últimos tiempos, su exploración se ha expandido hacia la arquitectura, como eco de memoria, territorio y pertenencia.
En 2024 cursó estudios en el Instituto Superior de Arte de la Universidad Nacional de Asunción, y ese mismo año participó del programa de verano del Barcelona Academy of Art, donde se especializó en dibujo de figura humana, técnicas con grafito y óleo. Su formación combina lo académico con la experimentación personal, y sus obras revelan un cruce entre lo intuitivo y lo técnico.
Ese mismo año fue seleccionada para realizar murales en las oficinas de las Naciones Unidas en Asunción.
Para esta nueva exposición ha recurrido a tierra de diferentes lugares con la intención de desarrollar un concepto que involucre memoria y territorio. Ha desarrollado una narrativa sobre la tierra que habitamos y pisamos.
“Su obra, abstracta y profundamente matérica, propone una mirada tanto física como humanista, estableciendo una sensibilidad contemporánea que habilita un diálogo fictivo entre arte y ciencia. Extrayendo pigmentos de distintos suelos y trabajando con ellos para que cada obra conserve algo de la identidad del lugar de la que proviene, estas piezas reunidas se alimentan literalmente de la tierra de muchos sitios del Paraguay”, señala el crítico Fernando Moure en la presentación de la exposición.
De esta manera, la exposición propone una forma distinta de mirar, y de sentir, si cabe, más táctil. “La tierra deja de ser un fondo y se convierte en el material y en la protagonista de la obra, pues cada pieza nace de los pigmentos obtenidos de distintos suelos” manifiesta Moure.
La tierra no es un elemento extraño en la vida de Lucía. En esta muestra ha combinado sus estudios de agronomía y de artes visuales para desarrollar los cuadros que la componen. “Más que representar el paisaje, estas obras están hechas con la misma materia que lo forma. Hay una invitación a pensar nuestra relación con la tierra y a reconocer que también guarda historias, tiempo y memoria”.“Influenciada por el arte povera, una corriente que devolvía dignidad a los elementos simples y prosaicos como la tierra; o por el land art o arte térreo, la artista reinterpreta sus postulados hacia un horizonte formal discreto, humilde y a la vez, poderoso. Las paletas son estrictamente minerales y derivadas de la cal, del hierro o de mezclas azarosas, por lo que debemos dirigir la visión a estos espacios que contienen el blanco, beige, marrón, terracota o rojizo, sin olvidar la presencia rotunda del color negro. La manera artística de honrar al suelo es también una invitación para surcar y recorrer “La tierra que piso” de Lucía Adise. Esta tierra que perteneció a los ancestros, ahora es tuya, y es nuestra. Detenerse un momento y mirar el suelo que habitamos con otros ojos, sentir la experiencia de ser contenidos en la corteza térrea del planeta es, en primera y última instancia, una exploración inusual, un incremento de la conciencia para cuidar la tierra que da vida y sustento a todos los seres vivientes”, manifiesta Fernando Moure acerca de la exposición.
Recordemos que la galería Matices está ubicada en Cruz del Defensor 241). La exposición será habilitada a las 19.00.


