En 1941 el gobierno de Higinio Morínigo procuraba mantener la neutralidad en la Segunda Guerra Mundial y cuidaba sus relaciones con Alemania e Italia, miembros del Eje junto a Japón. A comienzos de ese año llegó la polémica por la película El Gran Dictador, de Charles Chaplin, una sátira directa contra Adolf Hitler.
Antes del estreno en el Cine Granados circularon dos versiones sobre las latas del film: una afirmaba que simpatizantes nazis las habían robado y quemado detrás del Palacio de Gobierno; la otra sostenía que la quema se hizo frente al propio cine. Todo esto aumentó la tensión pública y diplomática.
La Municipalidad de Asunción, intentando evitar conflictos, prohibió oficialmente la exhibición el 25 de enero de 1941. El argumento fue que la película “lesionaba los sentimientos de nacionalidad del pueblo alemán y del pueblo italiano, con cuyos gobiernos Paraguay mantenía cordiales relaciones de amistad”. La medida buscaba proteger las relaciones exteriores y prevenir disturbios.
La situación cambió con el curso de la guerra. En enero de 1942 Paraguay rompió relaciones con las naciones del Eje, y ese giro político permitió que la película volviera a circular. Tras un mes de promoción, “El Gran Dictador” se proyectó finalmente en el Cine Granados el 6 de mayo de 1942. Asunción fue la segunda capital sudamericana en mostrar la cinta, lo que refleja el interés popular por la obra de Chaplin.
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Chaplin estrenó la película en Nueva York el 15 de octubre de 1940; fue su primera obra hablada. El film satiriza las ambiciones totalitarias de los fascismos europeos y concluye con un poderoso alegato —de más de cuatro minutos— en defensa de la democracia, la libertad y la fraternidad entre los pueblos, y en contra de la avaricia, el odio y la intolerancia.

Años después el famoso actor reflexionó sobre la película: “Si yo hubiera conocido los horrores reales de los campos alemanes de concentración, no hubiera hecho El Gran Dictador. No me hubiera reído de la locura homicida de los nazis”.


