Beckelmann reside en un edificio de altura y en estos días de invierno ha sido motivado por lo que ve desde su balcón: Una ciudad que se sumerge en la niebla y se confunde con el río. De esta forma, ha preparado esta muestra que es organizada por la galería BGN / Arte, con texto curatorial de Fernando Moure.
Así, Beckelmann presenta imágenes del río, la costanera, los edificios, el puente Héroes del Chaco en un ambiente de ensueño, como si a la ciudad le costase despertar envuelta en la niebla. Sin embargo, en las calles y avenidas la actividad fluye, aunque no se pueda apreciar desde la altura.
La exposición se denomina “El velo de la Asunción” y estará habilitada hasta el domingo 26, en el horario de 9:00 a 21:00. La muestra ha sido montada en el Nivel 1, frente al Punto de Atención del Distrito Perseverancia.
“El medio fotográfico permite al autor elaborar imágenes plasticistas”, dice Moure. “Son fotografías con una perspectiva doble, la de unir dos geografías, la del río antiguo y la de la ciudad contemporánea que consume sus márgenes. La niebla actúa como el velo que imprime las costas, meandros y humedales de la Bahía y del Banco San Miguel, cual vapor mágico que destiñe límites formales y geográficos”, expresa el crítico.
Víctor Beckelmann nació en Asunción el 6 de agosto de 1972. Realizó estudios del curso Taller de Línea y Color, en el Centro de Estudios Brasileños, con Luis Alberto Boh. También hizo el curso de Historia del Arte, con Miguel Ángel Fernández y Javier Rodríguez Alcalá, en el mismo centro cultural y estudió fotografía en el Instituto de la Imagen, con Mario Franco. También realizó estudios sobre preservación del patrimonio histórico y cultural, en el Centro Juan de Salazar.
En las fotografías que se exponen desde hoy puede apreciarse que “la bruma del amanecer vuelve visible esa negociación permanente entre la naturaleza y el desarrollo urbano, o si se quiere, como una batalla entre la luz y la sombra. Durante unas pocas horas, la arquitectura más reciente de Asunción pierde su condición de símbolo de “progreso” para integrarse a un paisaje donde las escalas del agua, la vegetación y la infraestructura urbana adquieren un mismo valor visual”, según manifiesta Moure en la presentación de la exposición.
“Aquí, cada amanecer no es un tiempo o escenario pasivo ni una postal urbana; es un acontecimiento. La fotografía deja de registrar un lugar para documentar, periódicamente, un proceso de empatía y entropía diarias, una relación inestable entre naturaleza e historia. El artista no persigue el paisaje, espera que el paisaje se manifieste. Cada amanecer es una promesa de nueva configuración de luz, humedad y silencio, alborada donde la naturaleza interviene el territorio antes de que la actividad humana vuelva a apropiarse de él”, señala el crítico.


