Arte y Cultura

Hace 70 años y en el exilio, Roa enseñó a su hija a amar Paraguay

Una carta escrita en Buenos Aires en 1956 revela la faceta íntima del escritor paraguayo y su deseo de transmitir a su hija de diez años la memoria, la historia y el valor de su pueblo.

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Mirta Roa Mascheroni junto a su padre Augusto Roa Bastos, a mediados de los años ochenta

Por: Yesica Vera Zarza. En 1956, Augusto Roa Bastos llevaba casi una década exiliado en Argentina. Sin embargo, una carta escrita en Buenos Aires el 8 de julio de ese año refleja hasta qué punto el Paraguay, su historia y su gente seguían presentes en él.

Se trata de un documento que conecta al Roa Bastos padre, exiliado y escritor ligado a su patria. A través de unas palabras dedicadas a su hija Mirta Roa Mascheroni, el fragmento de la carta revela el vínculo del escritor con la entonces pequeña de diez años. En sus palabras, el escritor paraguayo deja ver su profunda preocupación por transmitirle el amor por Paraguay desde la distancia.

Con un tono afectuoso, el autor de “Yo el Supremo” se refiere a su “Mirtuchita” y expresa la tristeza que le produjo la ausencia de su hija tras el regreso de su esposa y su hijo a Buenos Aires, pero también demuestra su satisfacción por la decisión de la niña de permanecer en Paraguay para concluir el año escolar junto a sus abuelos.

“Me alegra también y me enorgullece que uno de los motivos que te decidieron a esto fuera tu espontáneo deseo de aprender y vivir las cosas de nuestra querida patria. Ella se merece todo nuestro cariño y toda la devoción de nuestra alma”, escribió.

Roa Bastos también pidió a su hija que pusiera todo su empeño en querer y comprender a la patria, querer a su gente e identificarse con ella. No desaprovechó la oportunidad para instarla a comprender el sentido de la historia, a tener fe y esperanza en su porvenir.Igualmente, afirmó que nuestro pueblo es valiente y humilde; que ha sufrido mucho pero que el dolor purifica a la gente y la hace más buena, simple y valiosa. “Te pido sobre todo que te acerques y comprendas y quieras a la gente más humilde y sencilla; ella es la mejor”, expresó.

A setenta años de haber sido escrita, la carta conserva vigencia porque marca una preocupación que atravesó toda su obra: la relación entre Paraguay, su historia y la memoria de su pueblo.

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