Arte y Cultura

Mediante una obra teatral, Felicita recibe justicia luego de dos décadas

Jóvenes aspirantes a la abogacía relataron el caso de la niña de las mandarinas, violada y asesinada. Hoy la esperanza por cerrar el caso crece con la detención del supuesto autor.

| Por Edson Vázquez
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“Felicita, la niña de las mandarinas” es la obra teatral que presentaron estudiantes de Derecho UNA.

El pasado 1 de junio se cumplieron veintidós años del hallazgo del cuerpo sin vida de Felicita Estigarribia, la niña de 11 años que recorría hasta tarde las calles de Yaguarón vendiendo mandarinas para poder ayudar con la economía familiar.

En una desgarradora imagen que sacudió al Paraguay, a los sistemas de seguridad y al sistema de justicia, la madre había subido hasta una roca del cerro de Yaguarón, en donde pudo identificar el cuerpo de su hija, violentada sexualmente y luego asesinada, según lo había confirmado la Fiscalía.

Con el aula magna de la Facultad de Derecho UNA repleta de alumnos, docentes e interesados en la obra, estudiantes del tercer semestre, segunda cátedra de la citada casa de estudios, presentaron la puesta titulada “Felicita, la niña de las mandarinas”.

La puesta teatral ensaya un final con sustento jurídico en un utópico juicio a Fredy Antonio Florenciano Brítez, sindicado de ultrajar y asesinar a Felicita.

Florenciano Brítez pudo huir por 22 años de la justicia, cayó en el 2025 en un fortuito control policial y ahora la Justicia lo está procesando. El próximo 24 de junio, se prevé la audiencia preliminar en donde un juzgado decidirá si el acusado va o no a juicio oral y público.

Una conversación necesaria

La obra propone de manera frontal un tema que debe ser abordado por la academia, por las autoridades, por la sociedad toda: el cuidado de los niños y niñas de este país. “La infancia es sagrada, cuidar de la niñez debe ser un acto propio de los humanos”, gritaba una de las vecinas de la madre de Felicita que exigía justicia.

La puesta inició con el acto en donde la fiscal del caso, presionada por la tragedia, la comunidad yaguaronina y los medios de prensa, insistía a los policías en encontrar al autor sindicado del caso, quien habría sido reconocido por testigos del lugar. Para entonces, Fredy Antonio ya se había fugado.

El Estado le falló a Felicita

En nombre de Felicita, el Estado le había fallado a la niñez paraguaya a partir de un sistema económico desigual e injusto que arrojaba como resultado (en ese año) un alarmante nivel de pobreza nacional del 39,2%. Es decir, en el 2004, de cada diez personas residentes en Paraguay, cuatro eran pobres y vulnerables a caer en la extrema pobreza.

En ese escenario, Felicita, al igual que muchos otros niños, debía salir a las calles a vender mba’e repy para llevar el sustento a su casa. Debido a estas jornadas de trabajo, se vio obligada a dejar la escuela en varias oportunidades, al punto de que a los once años todavía cursaba el primer grado de la primaria.

Tras repasar sus andanzas barriales vendiendo mandarinas a buenos vecinos que la cuidaban y le pedían no recorrer la vía pública de noche, la obra logró recrear una atmósfera angustiante entre luces y música tensa.

Con la inocencia de la infancia, la niña es seducida por el ahora sindicado para ir a su casa a cobrar el dinero de las frutas sobrantes. Al caer el sol, mediante este engaño, el hombre la condujo al cerro donde cometió el atroz crimen que aún carcome las almas de la comunidad. En una dolorosa escena, Felicita es alcanzada por la muerte entre danzas y trajes negros, apagándose la vida de la menor.

La utopía que debe ser materializada

Con la exposición de capturas de vídeos en donde se recuerda la captura de Fredy Florenciano, el elenco desplegó un prudente y magnífico juicio imaginario en donde el acusado es hallado culpable. Este acto, extenso pero necesario, esbozó los pormenores jurídicos que justifican una condena seria y fundada al acusado.

El caso de Felicita es uno muy serio, ya que se trata de la niñez, que a pesar de este caso puntual los abusos infantiles no se detuvieron. El arte, desde el teatro, insiste en conversar sobre esto, sobre la responsabilidad que pesa sobre todo un país, que en la actualidad se declara “provida y profamilia”.

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