Madrid, 4 (EFE). Unas 5.500 personas asistieron al concierto que ofreció esta leyenda viviente en el Movistar Arena. Caetano Emanuel Vianna Telles Veloso (Santo Amaro da Purificaçao, 1942) no visitaba España desde hacía tres años, cuando actuó en el Palacio Municipal de IFEMA, también en Madrid pero entonces para un auditorio privilegiado de 2.000 personas, y ya resultó un milagro que exhibiera tal nivel de energía.
Con poco nuevo que añadir a su extensísima discografía desde entonces, cuando vino a promocionar su por el momento último trabajo con temas inéditos, “Meu Coco” (2021), ha vuelto a hacer lo que más se espera de él a estas alturas: repasarse y perderse entre ese más de medio centenar de discos y seis décadas de carrera, a los que siempre encuentra rincones menos manidos en los que explayarse.
Entre “Alegria, Alegria”, que incluyó en su primer álbum, “Caetano Veloso” (1968), y “Um Baiana”, el más reciente de los cortes interpretados en esta velada, se ha permitido exponer los múltiples vericuetos en los que ha internado quien se consagrara a finales de los años 60 como uno de los padres del tropicalismo, movimiento que dio categoría global a la música brasileña.
Para hacer la propuesta aún más atractiva, a Madrid ha venido esta vez con dos músicos más, un septeto integrado por guitarra, contrabajo, teclados, percusión, batería y viento metal, que han dado aún más vigor y empaque a sus composiciones.
No ha tardado mucho en poner todos esos elementos en ebullición, tras presentarse con su llamativa camisa amarilla y el tema “Branquinha”, de su celebrado disco “Estrangeiro” (1989), mientras de fondo se proyectaban imágenes de toda su carrera y se hacía patente la evolución de su frondosa cabellera del negro al plata.
A continuación ha movido caderas ya con “Gente” y el público ha celebrado especialmente después los versos de “Vaca profana” en los que canta: “Segue a movida Madrileña / Também te mata Barcelona / Napoli, Pino, Pi Paus, Punks / Picassos movem-se por Londres”.
“¡Qué belleza, Madrid, y toda la gente que está aquí!”, ha exclamado un Veloso que venía de mostrarse ya feliz, relajado y disfrutón con “Divino maravilhoso”, tema que compuso para Gal Costa allá por 1968, y después con “Cajuína”, cuando con una sonrisa en los labios ha permitido que fuesen sus seguidores quienes cogieran el protagonismo vocal y cantaran la letra.
Tras mandar un “beso” a todos, ha recordado además que sus canciones en este show “hablan en su mayoría de cosas que se presentan en el mundo y que no son fáciles, que no son bellas, pero que aún así seguimos”.
Si con “Podres Poderes”, de su disco “Vêlo” (1984), se ha internado en el pop-rock de querencia argentina, con “Anjos tronchos”, extraído del citado y reciente “Meu Coco” (2021), se ha puesto serio frente a los mandamases de las grandes tecnológicas, los Zuckerberg, Musk o Bezos, cuyos rostros han desfilado por la pantalla como intercambiables entre sí.
De la oscuridad ha emergido poco después con la guitarra para, en su registro más meloso, cantar un “Sozinho” que ha estado entre lo más bonito de la noche, perfecta introducción además para un segmento especial que solo ha tocado en España y en el que ha incluido su imprescindible “O Leãozinho”.
También ahí, en un formato más íntimo, ha cabido la versión de “Cucurrucucú Paloma” que popularizó Almodóvar en “Hable con ella” y con la que hoy, tras mostrar que su garganta aún puede sostener los pasajes agudos con dignidad, ha vuelto a dejar el tiempo y el espacio en suspenso.
Que el punto con “Odara” no sea un punto final a sus visitas a España solo de él depende, porque salud y ganas no parecen faltarle.


