“Siempre peleamos, pero en la cama arreglamos” dice el coro de la nueva canción de la cantante paraguaya Aye Alfonso, heredera del prestigioso y exitoso grupo Los Alfonso, banda de música folclórica que recoge más de tres décadas de labor artística dejando en alto la música popular nacional.
La joven cantante se había destacado por su participación en el programa televisivo “Factor X España”, competencia de canto de la que salió victoriosa con el apetitoso premio de un contrato con Universal Music y futuros trabajos con el cantante español Abraham Mateo. Aquella participación había generado una gran expectativa y conmoción en Paraguay por sus presentaciones en donde interpretó canciones del repertorio latinoamericano, representando satisfactoriamente a casi todo un continente.
Entre las instancias finales del programa y luego de alzarse con la victoria, Aye dio otros conciertos en Paraguay con su agrupación, en donde interpretaba polcas, guaranias y otros ritmos de la región. Así, cosechó premios importantes como el Ñanduti de Oro en el “Festival Nacional del Ñanduti”, en Itauguá; y el Poncho de Oro, en el “Festival Nacional del Poncho Para’i de 60 listas”, en Piribebuy, para luego llamarse a silencio.
Nuevas canciones
Reapareció en abril pasado con la canción “La vida es una sola”, un tema al estilo urbano con el típico videoclip en el que presume un automóvil de alta gama, descapotable, paseando por las playas de Miami.
A finales de mayo, lanzó otra canción nueva titulada “Siempre peleamos”, con un videoclip incluido, en donde se la ve en traje de baño, en un yate en aguas azules de lo que también sería Miami.
La canción es un reguetón y la fusión de otros estilos latinos, con una letra que se encuadra de manera muy cómoda (como cientos de otras canciones del mismo género) en la discusión de una pareja por celos en donde ambas partes se reclaman la interacción con otras personas vía teléfono celular. Para responder a un público más centroamericano (supongo) la compatriota adopta un tono más neutro o casi caribeño en los primeros diálogos para luego iniciar la canción.
“Estás con otra eh”, dice Aye al momento de reclamar el móvil a su supuesta pareja. El mensaje se centra en la desconfianza que envuelve a una relación “que se está apagando” —a decir de la misma letra— pero al final del día todo se soluciona en la cama.
Es decir, Aye aterriza con nuevas canciones en donde propone relaciones interpersonales que se alejan totalmente del respeto. Que van a contramano de todas las campañas de violencia contra la mujer impulsadas desde organizaciones no gubernamentales, colectividades de mujeres organizadas y de las instituciones estatales.
Es violencia
En un momento del material, el hombre que aparece en el video, en medio de la discusión en el yate responde con otros reclamos, parándose frente a ella en una posición agresiva y luego la toma del rostro para que la mire. Desde todo punto de vista, el video presenta y promueve actitudes violentas en una relación de pareja.
En un país como Paraguay, en donde ocho de cada diez víctimas de violencia familiar son mujeres (según el Departamento de Estadísticas del Observatorio del Ministerio Público), como mínimo, el material en su totalidad se condensa en un solo término: retrógrado.
Mensaje peligroso
“Siempre peleamos” expone la persistente romantización de los vínculos tóxicos en la música urbana actual y evidencia cómo la industria cultural perpetúa el mito del “amor romántico” mediante narrativas de inestabilidad emocional y conflictos cíclicos.
Aye, con esta canción, normaliza la dependencia afectiva al subordinar el bienestar personal a la intensidad de una relación disfuncional. Este fenómeno invisibiliza la urgencia de promover la responsabilidad afectiva y construir relaciones basadas en el respeto mutuo.
¿Y el folclore?
El viraje musical de la artista hacia la música urbana genera controversia entre sus seguidores. Tras su paso por Factor X y respaldada por el legado familiar de Los Alfonso, el público preveía un proyecto enfocado en el folclore, lo que ha intensificado el debate sobre su actual línea discursiva. Si bien se reconoce la autonomía de la cantante para explorar nuevos géneros, la difusión de mensajes que romantizan relaciones conflictivas contradice los principios de respeto y responsabilidad afectiva en un país que registra hasta la fecha, 13 feminicidios.


