Arte y Cultura

Obra pone al desnudo el absurdo del poder político y social de Paraguay

La obra “La isla” cerró su último ciclo el pasado domingo y lo hizo con alto profesionalismo, invitando a reflexionar sobre el poder de la política criolla paraguaya.

| Por Edson Vázquez
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Actores: Luis Gutiérrez, Rubén Zapattini, Freddy González y Víctor Sosa Traverzzi (dirección).

La pieza teatral convocó al público que llegó a las instalaciones del Teatro de las Américas del Centro Cultural Paraguayo Americano (CCPA), sede de presentaciones de obras teatrales trabajadas del sector independiente.

Con las actuaciones de Luis Gutiérrez, Rubén Zapattini, Freddy González y Víctor Sosa Traverzzi (dirección), la propuesta teatral inició pasadas las 20:00.

“La isla” está basada en la obra “En alta mar” (Na pełnym morzu), que es una de las obras de teatro breve más célebres del dramaturgo polaco Sławomir Mrożek, escrita en 1961. Pertenece al teatro del absurdo y utiliza el humor negro como una herramienta de crítica sociopolítica frente a los sistemas de poder totalitarios.

La adaptación de esta pieza también utiliza el absurdo como crítica pero sustraída a la realidad paraguaya: pone sobre el tapete la nula posibilidad de volver a un sistema de gobierno dictatorial, pero cuestiona la efectividad del pluralismo del sistema legislativo.

Tres hombres se ven obligados a solucionar el problema del hambre al estar naufragados. ¿Naufragados en dónde? No se sabe, si es material o figurativo, pero sí náufragos del poder. La solución será el sacrificio de uno de ellos en pos del bien colectivo, es decir, uno será devorado por los otros dos.

Pero, ¿cómo decidir eso? La primera opción surge con el autoritarismo como solución, con Chacho, autoproclamado líder quien deberá elegir al sacrificado. La propuesta rápidamente pierde fuerza con el grito de Justino: ¡Dictadura nunca más!

Justino será el personaje que toma una visión progresista de la vida y Fabri, un chef, será lambiscón y turiferario de Chacho.

“La isla”, está basada en la obra “En alta mar” (Na pełnym morzu), que es una de las piezas de teatro breve más célebres del dramaturgo polaco Sławomir Mrożek.

Alguien no deberá ser elegido

Entonces, la única opción que resta serán las elecciones libres, aunque cuestionan que en democracia la corrupción ha desvirtuado el sufragio como método de deliberación. Con este escenario, “se abre el tiempo electoral”, a decir de Chacho. Cada “candidato” absurdamente deberá hacer campaña para evitar ser elegido. Entre los tres, se cuestionan el tono y el contenido de los discursos proselitistas. Justino alega que tiene una esposa e hijos que lo esperan. Fabri aduce su orfandad de madre y el ausentismo de su padre. Chacho por su parte, también menciona su orfandad materna y alega tener una salud deteriorada.

Con tres historias convincentes, la disputa se torna más aguda y angustiante. En la desesperación de sacar ventaja, Chacho decide atacar dialécticamente a Justino. Este asegura que la justicia social es el camino para el bien común, en esa línea Chacho pretende generar un escenario adverso para Justino a quien lo tilda de privilegiado, puesto que los otros dos no tienen en vida a sus madres y él sí. Una clara alusión a la disputa retórica entre facciones conservadoras y progresistas. Un giro inesperado: aparece un cartero quien trae la noticia de que la madre de Justino había muerto. En ese escenario, teóricamente todos estaban en las mismas condiciones.

La discusión se fue extendiendo con Chacho como disparador de discursos más conservadores y en un tono idéntico a los caudillos colorados de Paraguay, que centran la atención del público en el volumen de la voz. Fabri iba aprobando todo lo que este decía.

Finalmente llegaron a las votaciones, el resultado: cuatro boletas en un “electorado” de tres personas. “Te dije luego que esto pasaría, el parlamentarismo ya pasó de moda”, gritó Justino. Antes del final apareció un lacayo de Chacho, quien reveló su caudal económico. Pero la decisión ya estaba echada: Justino sería el sacrificado.

La obviedad, la lógica, la honestidad, de nada sirvieron para elegir una salida para una situación comprometedora para los tres. Las artimañas de un personaje inescrupuloso, más la anuencia de un subyugado, le ganaron al bien común, pese a los evidentes actos de deshonestidad y corrupción.

Todo fue absurdo, ilógico, adrede, casi agresivo, a decir de Julio Sosa, un atropello a la razón. Pero no fue más que una resumida descripción de las relaciones del poder en la aipo “política criolla” de esta isla rodeada de tierra.

La escenografía estuvo a cargo de Romy Zapattini, con una producción de Diego Segovia. Difusión: Irma Rojas.

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