Calamaro, la disyuntiva entre rechazarlo por “facho” o amarlo por su musicalidad

El argentino con acento español desplegó todos sus éxitos a la vera del río Paraguay con un claro mensaje a favor de la tauromaquia.

| Por Edson Vázquez
Andrés Calamaro fue una de las presentaciones más esperadas en el festival Rock al Puerto 2026.

Cerca de las 21:30 del sábado pasado, en el escenario principal de Rock al Puerto subía Andrés Calamaro, uno de los artistas más esperados de la noche. Miles de almas noventeras, y otras muchas más jóvenes, lo recibieron con vítores y aplausos.

Con 64 años de edad, desembarcó en el imponente escenario del festival con toda su banda. En el centro, un piano Fender Rhodes y encima de él un pequeño muñeco de un torero. También tenía un Roland GAIA, ambos ejecutados por “El Salmón”. El grupo lo respaldó con una guitarra eléctrica, un piano Nord Stage a cargo de Germán Wiedemer, batería y bajo en la base rítmica, más una trompeta y un saxo tenor que completaron la formación.

Entre éxitos y mensajes camuflados y otros no tanto

El concierto se desarrolló tema por tema, sin enganches o instrumentales que suelen servir de interludios o colchones para dar pie a la siguiente canción. Así fue recorriendo sus éxitos: en “Loco”, con imágenes psicodélicas en las pantallas, claramente ya no llega a las notas originales de la canción. Es que los años ya pesan sobre tanto rock and roll. Los solos de trompeta destacaron en esta canción. También cantó “A los ojos” de su era en Los Rodríguez. “Te quiero”, fue otro himno que resonó en todo el puerto en las voces del público.

Así como en su concierto en el SND Arena (en el 2024), habló, pero muchas de sus frases fueron inentendibles. “Por respeto a mi mamá que está del otro lado del espejo vamos a hacer ‘Platónico’”, dijo, y de fondo empezaron a mostrarse imágenes de helicópteros Bell UH-1 Iroquois sobrevolando lo que sería población civil vietnamita, siendo bombardeada por las aeronaves. Clara alusión de apoyo al gobierno norteamericano, conflicto de donde se retiró con una humillante derrota.

“Esperame en el cielo” también fue cantada por Calamaro, de fondo salían imágenes de Diego Armando Maradona en el Mundial del 86 y Andrés vestía una campera de cuero negra, lentes oscuros y un gorro. Su guitarra colgaba de su cuerpo con una correa que portaba una notable bandera paraguaya.

Continúa el show

Cantó “Bohemio”, pero antes se sacó la campera y se tomó una taza de café. Luego siguió con “Tres Marías”, esa icónica cumbia-rock que tuvo un videoclip con grandes figuras como Pablito Lezcano, Vicentico, el dúo Miranda, Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur. La gente vibró. Después sonaron esas tres primeras notas inconfundibles: Sol-Sib-Re, lo que dio paso a una algarabía colectiva con “Mil horas”.

Entre frases que se alejaban de toda cohesión, presentó a toda la banda que sostuvo lealmente todo el show. Luego se dispusieron a tocar “Me arde”, que precedió a “Mi enfermedad”. El público fluía en una nostálgica alegría adrenalínica. Pero mientras sonaba esta canción, en las pantallas se mostraban imágenes de toreros en pleno movimiento. El público se concentró en la canción.

El salmón es un pez que se caracteriza por nadar contra la corriente. Calamaro parece no hacerlo, es más, sigue a la corriente tradicionalista española y sigue haciendo alarde de su apoyo a los torines. En Colombia, sufrió una ola de abucheos por su postura a favor de los toreros. Varios países ya prohibieron esta actividad, por representar una brutalidad contra los toros, que mueren en agonía tras sufrir estrés, estocadas… a la vista de los ojos humanos quienes pagan sus entradas por ver un asesinato.

“Panda de resentidos, incultos hijos de puta”, fue la respuesta del “Salmón”.

En Paraguay, la Dirección Nacional de Defensa Animal y organizaciones civiles lograron frenar un proyecto de ley que pretendía declarar a los torines como “patrimonio cultural”. Matar no es ni debe ser una “cultura”.

Calamaro recorrió sus grandes éxitos en un espectáculo que debió ajustar para respetar el cronograma del festival. Durante el concierto, recordó al director técnico de la selección paraguaya, Gustavo Alfaro, a quien definió como “el hombre de las mil frases” antes de expresarle sus buenos deseos. El tramo final encendió al público con clásicos como “Paloma”, “Estadio azteca” y “Flaca”. Al despedirse, el artista vistió la camiseta albirroja y desplegó una capa de torero con orgullo, provocando que la multitud, entre la sorpresa y la fascinación, coreara el tradicional “ole”.

Fuera del escenario, el músico sostiene una postura política explícita al respaldar al partido español Vox, a Javier Milei y a otros referentes vinculados con el neofascismo, lo que ya había generado controversia en su visita de 2024, cuando declaró que se había guardado un “chiste” sobre la Gestapo (policía nazi que asesinaba judíos).

Es honesto, no tiene reparos en sentar una postura, y a la par, sostiene una musicalidad infranqueable. Al final del día, cada uno elige cuál de los dos perfiles admirar, o quizá desechar. Ese fue Calamaro, quien pisó tierras guaraníes el pasado 23 de mayo.

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