La sala ya estaba llena, aunque aún seguía ingresando gente cuando las luces se apagaron y la calma voz de Berta se escuchó en los altavoces pidiendo al público que guarde sus celulares y que disfruten del concierto. Por supuesto, apenas empezó a tocar, entre el público se veía el brillo de las pantallas con los videos que irían luego a las redes. Está difícil despegarse de esta afición moderna, pero el momento lo ameritaba.
Porque no era un concierto, era una celebración de la música donde había que sentir cada nota, desde los primeros sones de la “Suite Guaraní” de Doménico Zipoli, interpretado junto con el cuarteto Paraqvaria, hasta el final sorpresivo de Berta tocando sola sin microfonía “Mother”, de su álbum “Cielo abierto”. Sentir y emocionarse.
El concierto presentó solo algunos temas del álbum “La huella de las cuerdas”. Recordemos que es un disco con colaboraciones de artistas de diferentes países. Pero se hicieron muy buenas versiones en este concierto, comenzando con la suite de Zipoli con el cuarteto de tres violines y un cello; luego, la excelente interpretación de “Tierra mía”, con las voces de Daisy Lombardo y Dany Meza. También el arpista Sixto Corbalán le dio un toque más campesino a la versión de “Che la Reina” y “Arroyos y Esteros”, en relación a como lo había hecho Lincoln Almada en el disco. “La huella del códice” conservó su toque barroco, en la interpretación de Berta con el guitarrista Sebastián Henríquez y el percusionista Gonzalo Resquín, aunque resaltó más sus influencias americanas en los ritmos.
Una obra muy interesante que representa un encuentro: el barroco proveniente de Europa y los ritmos que se aportaron en América.
Y la emoción del encuentro fue lo predominante en el concierto. Así, Sixto Corbalán, luego de las polcas, tocó junto con Berta y los demás músicos una versión muy sentida de “A mi pueblo”, de Ismael Ledesma, quien fue gratamente recordado por la guitarrista. La versión de “Nde ratypykua”, interpretada a dúo entre Berta y Daisy Lombardo, fue también muy emotiva, como significativa fue “Aguije”, tema de Tierra Adentro, que Dany Meza cantó en esta ocasión acompañado por todos los músicos del espectáculo, y “La jornada”, de Acevedo, que volvió enriquecida en sus arreglos de conjunto.
Con el Mbaraka Trío, Berta hizo “Bachata Rosa”, de Juan Luis Guerra, tema que, según comentó, suele incluir en sus clases en el Conservatorio de Berklee, en Boston. Ingresó en el repertorio más para mostrar la faceta docente de la guitarrista, pero que salía de la tónica del concierto. Diferente fue el “Wapango”, de Paquito D’Rivera, que también interpretaron los cuatro juntos; pieza en la que se pudo apreciar mejor el diálogo de las cuerdas y que encausó nuevamente el espectáculo.
Un momento especial fue el reencuentro con el requintista Juan Cancio Barreto, rememorando aquel dúo legendario que formaron en la década del 2000. Barreto tenía que estar presente en este concierto con su toque humorístico característico, expresando todo su carisma. Pudimos volver a disfrutar de aquellas fantásticas versiones de “Caazapá” y “Ha Che Valle”, de Barrios, a la que se sumó la “Punteada Okara”, de Luis Coeffier.
Para el final del concierto, solo faltaba el Ensamble Pu Rory, con el que Berta tenía preparada una selección arreglada por Pinchi Cardozo Ocampo. Pero, sorpresivamente, el telón se levantó para que aparezcan los niños del Ensamble Crescendo que con inocencia y ternura se sumaron a este espectáculo manteniendo el nivel de emoción requerida. Luego entraron los jóvenes del Ensamble Pu Rory y con la dirección de Poppi Spatocco tocaron “Che trompo arasa”, “India”, “Recuerdo de Ypacaraí”, entre otros temas genialmente ensamblados. Sería interesante que esto alguna vez se pueda grabar.
Pero aún no era el final. Ingresaron todos los músicos participantes para dar otra sorpresa más: “Despertar”, de Maneco. Un regreso a aquella Berta Rojas adolescente, cuando en los ochenta compartía peñas y clases con Carlos Noguera, Rolando Chaparro y otros, antes de viajar a Uruguay y enfatizar en sus estudios de guitarra.
Ya en el bis, ella volvió sola y se ubicó al borde del escenario para “Mother”, de Byeong Woo Lee, aprovechando la estupenda acústica del teatro. Un final más que adecuado para una noche estupenda.

