Hay veces en que prefiero los pequeños lugares antes que los grandes estadios para los conciertos de rock. El sonido no suele ser bueno. Pero tanta concentración de electricidad en el ambiente hace que uno sienta que respira protones y electrones. Claro, todo matizado con el humo, el sudor y la maldita sensación de peligro que se vive en el centro. Es rock and roll.
El viernes tocaba Winona Riders en La Otra Bar, nuevo rótulo para un lugar que años antes fue Barbarella. Allí tocaba esta nueva banda que teníamos que ver luego de tanta reseña laudatoria en la media argentina, y la experiencia no fue nada decepcionante. Indispuestos con tanto indie descafeinado y, antes, con ese mejunje conocido como rock barrial, era necesaria esta dosis de electricidad.
La banda fue antecedida por Mi Sueño Póstumo, uno de los mejores grupos surgidos en la escena local. El cuarteto formado por Rafael Coscia (guitarra y voz), Santiago Florentin (guitarra), Sofía Ferreira (bajo) e Ismael Olmedo (batería) es una revuelta contra tanto sonido afinado artificialmente. Una guerra al autotune con mucha energía irradiada por furiosos rasgueos de guitarra.
Mientras Mi Sueño fue festivo y alocado, lo de Winona fue oscuro. El grupo conformado por Ariel Nigrelli (voz y guitarra), Ricardo Morales (guitarra y coros), Mauro Arenas (efectos y ritmos secuenciados), Santiago Vidiri (bajo), Gabriel Torres Carabajal (percusión y voz) y Francisco Cirillo (batería) ofreció un show enérgico alrededor de dos horas bajo luces rojas que daban el clima adecuado al concierto. Solo por un momento, cambiaron a luces verdes. Nigrelli bajó su guitarra en forma de gota (como la que usaba Brian Jones) y fue al baño, mientras Arenas (que lucía la remera de La Chispa: “Por cada Seccional, un centro cultural”) comandó el show con ritmos prácticamente tecnos, seguido por sus compañeros. Toda la fuerza rockera retornó con “APT”, uno de sus temas más provocadores, onda que se mantuvo hasta el final.
Porque Winona lo que vino es a plantar emociones que sacudan el piso. Su propuesta se nutre desde el rock más clásico hasta la electrónica más hipnótica, pasando por el pospunk y otros ingredientes. Mucha actitud en una propuesta magnética que vale la pena ver en una próxima visita. Que no tarde tanto.


