Desde hace unos días, el show, que tuvo lugar el sábado en el Puerto de Asunción, generaba grandes expectativas. Es así que en el público se podía ver también a niños, que respaldados por sus padres llegaron hasta el predio del concierto.
Hip hop nde apysakuápe ha nde akã mbytetépe
La organización no tuvo mejor tino que convocar al rapero paraguayo Tekovete para hacer de telonero. Ofreció una presentación magistral de guaraní popular, con letras potentes que son una invitación al pensamiento crítico y colectivo.
Estuvo acompañado por Aurora Pinazo, en la flauta traversa, y Gabriel Sasanuma, en arpa paraguaya, además de DJ Maniatic en el dúo de rap y en consolas. Con temas como “Aguyje” y “Ha upéicha” hizo levantar las manos de propios y extraños que gozaron con lo más crudo del arte urbano paraguayo.
La espera llegó a su fin
Como estaba marcado, las luces se apagaron a las 21:30 para el inicio del show principal. Un mantra en guaraní indígena sonó en los altoparlantes mientras el escenario seguía a oscuras. El predio estaba colmado por un 40 o quizás 50% de adolescentes, que acompañaron al unísono la primera canción: “Bajo de la piel”. Esa pieza que reúne bombo legüero, bandoneón, charango, entre otros, explotó en la apertura.
Luego, otro éxito reciente: “Solidifican12”. Con el público entero coreando “en tus brazos siempre en tus brazos” y estallando de alegría con los vientos andinos que sonaban fuerte y generaban algarabía.
Camilo Joaquín Villarruel supo hilvanar su repertorio entre las canciones más recientes, que son un claro tributo al folclore argentino y regional, con otros temas de su perfil urbano. La noche prosiguió con “De qué me sirve”, “El Bolero” y “Buen día portación de rostro”, mixturando sus estilos y gustos musicales mientras se veían a niños en los hombros de sus padres y a adolescentes llenos de júbilo en la fría noche asuncena.
Jóvenes abrazando el origen
Si bien Milo J viene recorriendo el camino de la vida hace veinte años, sus letras recogen la sabiduría del barrio y las enseñanzas de la familia. En ese sendero, abraza los ritmos y géneros populares de su Argentina natal. Entre ellos, la chacarera, ritmo al que resonó “Carencias de cordura”, coreado por todo el público.
Es apreciable y reconocible el puente que está construyendo el joven artista oriundo de Morón entre su generación (y también los más pibes que él) y la “vieja guardia”. El bambino argentino logra atraer a los suyos al folclore regional y también a los grandes referentes del folclore a los nuevos sonidos de la actualidad y a las nuevas dinámicas de la industria musical.
Un show sostenido
Al son de “olé olé olé olé Milo Milo”, el artista dio paso al show de percusión a cargo de Martín Beckerman y Gastón Fleckenstein, quienes con batería, timbales, congas, bongó, bombo legüero, djembé y otros accesorios, evocaron la raíz rítmica de la región con un despliegue en 6x8 acompañados de luces rojas y blancas, así como el color de los gauchos.
La chacarera es sin dudas uno de sus géneros en los que mejor se desenvuelve. Así sonaron “MmmM”, grabada junto a Paula Prieto y “Lucía”, grabada con La Sole.
Que viva la negra Sosa y la memoria colectiva
La memoria como instrumento social para sostener a la comunidad, al barrio, a la familia, es quizás una de las mejores resignificaciones del pueblo argentino, tras la caída de la dictadura. En ese espíritu Milo J hizo una adaptación de “Jangadero”, interpretada por Mercedes Sosa, cuya voz volvió a sonar en Asunción gracias a Milo. La nueva interpretación es una ofrenda a la Negra Sosa, quien fue un estandarte de la libertad de expresión.
La noche prosiguió con varios de sus éxitos urbanos. En un momento de silencio, el público no se aguantó y empezó a corear “Niño” esa canción que arranca con rítmica de milonga y prosigue en chamamé, y que llevó el guaraní al Tiny Desk. Milo no tuvo de otra que continuar con esa canción tremendamente sensible.
Se despidió con una seguidilla de traps, entre ellas “Rara vez”, la sesión con Bizarrap y otras canciones. Milo J amalgamó memoria, folclore y música urbana, en un concierto que pide a gritos que no sea el último en Paraguay.

