Arte y Cultura

A cuarenta años de un nefasto suceso

Hace cuarenta años, una turba de seccionaleros atacó el local de radio Ñandutí, rompiendo los cristales de puerta y ventanas y gritando consignas contra su propietario Humberto Rubín. La represión contra el medio se volvía más dura, lo que obligó al cierre de la radio al año siguiente.

| Por La Tribuna
Humberto Rubín en sus últimos años. Un día como hoy, su radio Ñandutí fue una atacada por una turba de seccionaleros. (GUSTAVO SEGOVIA)

La crónica del suceso está relatada en el libro “Humberto - Retrato de un hombre que amaba la libertad” (Servilibro, 2023), de Sergio Ferreira, quien señala que el ataque de la turba a radio Ñandutí la noche del 29 de abril de 1986 se dió en el marco de las manifestaciones en el hospital de Clínicas. A continuación, se transcribe algunos párrafos del libro:

“Unos días antes, el sábado 26, se celebraba una misa en la Catedral por la libertad de los médicos de Clínicas que estaban presos en Tacumbú. A la salida de la ceremonia religiosa, los bomberos estaban esperando a los asistentes con chorrazos de agua. En esa ocasión, se toma la famosa foto de Liz González Casabianca enfrentándose con los brazos abiertos a los represores. Al día siguiente, una manifestación frente a la casa de Domingo Laíno, en San José y España, fue frustrada por la Policía”.

“A las 22:30 del martes 29, el recepcionista de la radio Rogelio Flores vio que un auto paraba frente al local, y luego otro y otro más. Al rato notó que algo no andaba bien cuando el montón de gente que se estaba acumulando frente al edificio y que había bajado de los vehículos sospechosos empezó a gritar consignas contra Ñandutí y contra Rubín: ‘Muera el barbudo’, ‘Lo vamos a colgar al barbudo’”, vociferaba la turba. La cosa se puso de extraña a peligrosa cuando empezaron a arrojar piedras, huevos, tomates y frutas cítricas al edificio, mientras una banda tocaba las polcas “General Stroessner” y “Colorado”.

“De inmediato avisé a mis compañeros de arriba y llamé a los de la Comisaría Sexta”, decía Flores en una nota publicada por el diario Noticias, al día siguiente del atentado. Desde su lugar, el celador no sabía que los policías habían cercado a los patoteros para que cumplieran su “labor” sin molestias. Uno de los proyectiles rompió el cristal que estaba cerca de Flores y se puso contra la pared para resguardarse. Alguien asomó la cabeza por el agujero del cristal gritando “muéranse todos bandidos”.

“Al poco rato, todos los vidrios de la entrada estaban rotos por los proyectiles y Flores debía atender, entre el pánico y el peligro, los llamados de los oyentes alarmados que preguntaban qué estaba pasando.

“En la radio estaban también los periodistas Ricardo Manceduk, Guillermo Fraulob, Víctor Román y Ricardo Caballero Aquino. Como operador estaba Miguel David que sacó al aire todo lo que estaba ocurriendo con la composición ‘Soledad indiana’, de Herminio Giménez de fondo. La enorme tristeza de la obra enmarcaba el alboroto causado por la turba que hasta llegó a disparar armas de fuego. Los periodistas tuvieron que refugiarse en un zaguán donde no alcanzaban los proyectiles y los vidrios quebrados.

“Fraulob registró todo lo que pasó con una grabadora colocada en una ventana. Dicha grabación recorrió el mundo y fue escuchada en organizaciones de derechos humanos, de periodistas y en todas las instituciones democráticas preocupadas por la suerte de Paraguay.

“Los atacantes también hicieron vítores a favor de Stroessner, del Partido Colorado y del pueblo paraguayo. Estuvieron entre veinte minutos y media hora, y luego se fueron en los mismos vehículos que, según algunos testimonios, eran como treinta, entre ellos ómnibus de las líneas 15 y 40.

“El diario Noticias del miércoles 30 publicó una información de tamaño mediano, mientras que Hoy sacó solo un pequeño recuadro pero anticipando que en el otro diario de la misma empresa, La Tarde, vendría la información ampliada. Así, los vespertinos publicaron la información del suceso a página completa. Última Hora presentó la crónica del suceso con algunos testimonios de Rubín, que dijo que esa tarde recibieron algunas amenazas y que habían solicitado custodia policial que nunca llegó. También publicaron testimonios de los periodistas presentes en el edificio y de los vecinos, entre ellos, el de Evangelina Goitia de Amarilla, vecina del lugar y madre de Felino y Celeste Amarilla. En la nota, ella no se identifica pero menciona haber reconocido a funcionarios del Gobierno y del Partido Colorado dirigiendo a la turba.

“También el diario trae las adhesiones de solidaridad con la radio de dirigentes de los partidos Liberal, Liberal Radical, PLRA y PRF y todos coinciden que fue una turba parapolicial la que atacó a Ñandutí.

“Miguel Ángel Martínez Yaryes del PLRA decía que era “sumamente llamativo que ahora que ciertos periódicos están dando informaciones sobre la situación que vive el país surjan estos elementos patoteros con el ánimo de amedrentar a toda la prensa que en forma valiente no oculta la realidad”.

“La Tarde hace también un recuento de lo sucedido y publica una foto de un grupo de jóvenes a bordo de un jeep, y uno de ellos tiene un objeto en la mano que está a punto de arrojar. Son algunos de los miembros de la turba patotera. También expresa la crónica de que mucha gente acudió al lugar para ofrecer su adhesión a la radio después del suceso, y cuando llegó la policía para levantar la denuncia fueron recibidos con abucheos y silbidos.

“Lo interesante es que la crónica identifica los números de chapas de los vehículos participantes. El abogado de la radio Mario Ríos del Puerto dijo que uno de los autos pertenecía al Proyecto de Desarrollo Rural Paraguarí. Claro, quedaba como testimonio, porque las autoridades nada hicieron para esclarecer el hecho.

“Esa noche, estudiantes universitarios acordonaron la radio en el caso de que vuelvan los patoteros”.

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