Arte y Cultura

Martinessi se dejó llevar por vivencias en el rodaje de la película “Narciso”

El cineasta Marcelo Martinessi nos habla de la experiencia de filmar “Narciso”, la película que acaba de estrenarse en los cines. Recuerda lo importante que fue dejarse llevar por la improvisación y las sugerencias de los actores y cómo la película fue transformándose en el montaje.

| Por Sergio Ferreira
Marcelo Martinessi nos habla de su segunda película, “Narciso”, que obtuvo el premio Fipresci en el Festival de Berlín. (KAT)

“Esta película está financiada mayormente por fondos internacionales” —remarca Martinessi. Hay siete países involucrados en su producción. Cuando terminamos ‘Las herederas’, quienes otorgan los fondos vieron que se podía filmar en Paraguay con apuestas narrativas propias, y es como si nos hubiesen dado un cheque en blanco. Entonces dijimos vamos a aprovechar esta oportunidad para hacer algo totalmente distinto. Así, en ‘Narciso’ hay una ambición más grande y un deseo de construir la película a medida que íbamos haciéndola. Hay un montón de escenas que surgieron de los ensayos, incluso en el momento de las filmaciones. Lo de ‘Lucille’ cantado por Mimí Monte surgió sobre la hora. Había cosas que de alguna manera permitían a la historia moldearse. Nos permitimos vivir la experiencia, ver qué pasaba con la gente. Los actores, al tener pocas oportunidades de hacer cine en Paraguay, pusieron mucho de sí en cada cosa que hacían. En Berlín llegaron a preguntarme si ellos viven y trabajan todos juntos, como si fuera un circo”.

A la salida de la proyección, veníamos hablando con un amigo de la película, y él me dijo que al principio tenía miedo de que hicieras algo de género, refiriéndose al noir. Pero coincidimos en que usaste el noir como una herramienta para hacer una película sobre Paraguay.

Siento que el noir era una excusa, sobre todo en el comienzo, para tratar de ver qué es el noir en Paraguay, porque aquí se rompe un poco con todos los moldes. Entonces, ver cómo era la noche, la oscuridad paraguaya, como eran los años cincuenta, y, evidentemente, siempre considerando que estamos ficcionalizando, no tratando de poner nombre y apellido a los personajes, ni siquiera al “Rubio”. Teniendo en cuenta todo eso, queríamos que esta ficción hable con la realidad, pero desde el lugar de la ficción. Además, ya hay documentales, libros del caso puntual que trata el libro de Guido Rodríguez Alcalá (la novela “Narciso” en que está basada la película).

Lo que nosotros tratamos es ir al tejido social de los años cincuenta y ese tejido es lo que hace universal a la película, que se pueda entender en otros lugares donde no sepan lo que estaba pasando exactamente en Paraguay, en 1959 con el Congreso, con las manifestaciones en la plaza Italia y un montón de cosas que están súper bien contadas en el libro de Guido pero nosotros tuvimos que hacer camino para buscar aquellos elementos que nos permitían hacer una película que cuente ese momento pero que también sea una narrativa que pueda conectar más allá de Paraguay.

Es decir, que sea universal y a la vez que sea paraguayo.

Sumamente paraguayo. La música, los personajes, el ambiente de la película, más allá del guaraní.

El único personaje real que se nombra es “Chinita” Montiel.

Me alegra que lo hayas notado, porque ni yo noté eso. Mimí Monte quería hacer un homenaje a su mamá (“Chinita” Montiel, cantante del conjunto Los Indios). Ella actuó en una película en España en el año 59, en el año en que esto sucedió, y entonces Mimí usó el mismo vestuario de aquella película. Trabajó el personaje de la mamá, con todo el histrionismo, la locura que tienen las divas de la música.

Es interesante como en la película las “obras de progreso” se contraponen con la redada y la garroteada.

El montaje de la película nos llevó mucho tiempo. Hay muchas escenas que filmé que no llegamos a usar. Hay varios contrastes que ya estaban en la película pensada, pero terminaron de tomar forma en el montaje, el cual llevó un año más de lo esperado porque había un montón de caminos narrativos, un montón de posibilidades.

Me alegra que nos hayamos tomado el riesgo de no hacer una película de una trama convencional, porque es una película que por momentos se pierde, le seguís a un personaje, le seguís a otro. A mí me gustó mucho eso como experiencia y, es más, creo que seguiría trabajando así porque creo que es una forma más libre. Desde Paraguay creo que tenemos que proponer cosas que en el mundo ya no se hacen. En otros lugares, los actores tienen su guión, van al set, dicen sus líneas y allí termina todo. Aquí tenemos la oportunidad de sumergirnos en otra cosa. Aparte, esta película se hizo en madrugadas y eso le da un encanto especial. Creo que las madrugadas de la Asunción del 2024 son cercanas a las madrugadas de 1950, con sus silencios. Creo que nuestros días son distintos, pero sonoramente, y en el encanto, las madrugadas de Asunción permanecen casi iguales.

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