Arte y Cultura

La película “Narciso”, de Marcelo Martinessi, llega hoy a los cines

La película “Narciso”, ganadora del premio Fipresci en el Festival de Berlín, llega hoy a las pantallas de cine, protagonizada por Diro Romero, Manuel Cuenca, Mona Martínez, Nahuel Pérez Biscayart y Margarita Irún.

| Por Sergio Ferreira
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Margarita Irún, Mona Martínez, Natalia Cálcena y Manuel Cuenca expresan el miedo en sus rostros, en una escena de “Narciso”.

Cuando “El Pueblo” de Carlos Saguier se estrenó en 1969, Mario Halley Mora escribió una crítica en el diario Patria que decía, palabras más, palabras menos, que la película no reflejaba al campesino paraguayo trabajador y alegre que contribuye al engrandecimiento de la Nación. Luego de esta crítica, publicada en el diario de la Asociación Nacional Republicana, de compra obligada para todos los funcionarios públicos, Saguier y Antonio Pecci se vieron obligados a esconderse y retirar el filme de su proyección. El artículo de Halley Mora funcionaba como un disparador para las fuerzas represoras.

Muchos años antes, cuando se estrenó “El trueno entre las hojas”, en 1958, ocurrió algo similar. Recuerdo haber leído una crítica en un diario de la época que reclamaba lo mismo e incluso hubo voces que exigieron que la película se levantara de cartelera. Pero la cantidad de público hizo que siga en la programación del Victoria.

Porque en esos años lo que el régimen quería mostrar era la alegría de las polcas, la ciudad florida de jazmines, las danzas alegres y la valentía del soldado paraguayo. Era lo que expresaba lo que aquí se conocía como “la mejor música del mundo”. La mejor tarjeta postal del Paraguay.

Claro que no estamos en contra de las polcas, nos encanta y nos emociona. Pero no podemos negar que fue instrumentalizada por una sociedad conservadora para tapar otra realidad, una como la que describe la película “Narciso”, la genial película de Marcelo Martinessi que se exhibe desde hoy en los cines del país.

El filme nos cuenta la historia de un joven que fue un catalizador de libertad en una sociedad aplastada y triste. Tanta “alegría” en 6x8 no podía tapar tanta tristeza. Narciso, encarnado por Diro Romero, llega a la radio Capital con ganas de pasar rock and roll, que era el ritmo de moda de entonces y que proponía libertad y renovación. El dueño de la emisora, Luis “Lulu” Bermudez (Manuel Cuenca) no quiere un programa de rock and roll, pero contrata al joven como un empleado más de la emisora. Pronto, la personalidad carismática de Narciso irá creciendo y logrará tener su programa. Se convertirá en el personaje que todos admiran y desean. Un ser que parece ser libre, pero no es más que un hedonista que hace todo lo posible para conseguir lo que quiere. Alguien que no cuajaba en esa realidad, la cual es más parecida a la que cuenta “Drácula”, el radioteatro que en esos días emitía la radio Capital.

Martinessi retrata una sociedad oprimida con planos oscuros, cerrados y de ambientación densa y sórdida. Una Asunción que no dormía en una siesta eterna, sino más bien estaba ahogada en una noche lúgubre. El personaje de “Mani” Cuenca es el que sostiene la película. En su rostro se refleja todo el miedo, la autorrepresión y el deseo de algo mejor y que no se deja permitir. Narciso es como un catalizador que viene a alterar esa letargia. Margarita Irún encarna a la locutora estrella que ve al joven como una amenaza. Ella representa el conservadurismo extremo que se vale de la alegría de las polcas para ocultar lo que realmente es y desplegarse sin que nadie se dé cuenta. De fondo está el radioteatro, cuyo relato tenebroso, protagonizado por un elenco encabezado por Arturo Fleitas, permea toda la historia y sirve de contrapunto para retratar al régimen dictatorial. Marisa Cubero haciendo un rugido asordinado y Natalia Cálcena cantando una sola nota, como parte de los “efectos especiales” de la obra dan el marco adecuado al horror.

Pero lo valioso de la película es que no parece ser una historia del pasado, sino que con metáforas nos cuenta que ese conservadurismo sigue tan actual buscando acallar voces de disidencia, de una forma diferente pero con la misma dureza.

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