La cantautora correntina no conoce otra cosa que cantarles a los suyos, al pueblo, a los sentimientos de la gente. Y la gente, la acompaña, la reconoce y la venera.
En medio de todo un acto de recordación y homenaje para ella, Teresa Parodi se mantuvo con la humildad que la caracteriza. La humedad y el calor hicieron lo suyo, y toda una multitud estuvo ahí para acompañar sus canciones y ser testigos del protocolar acto que selló la hermandad entre la correntina y los sentimientos populares paraguayos.
Por formalidad, el acto inició con varios reconocimientos para la artista, por ejemplo, le regalaron un poncho para’i de 60 listas, símbolo de la heroica ciudad de Piribebuy, declarado “Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad” por la Unesco el 5 de diciembre de 2023, bajo la lista de salvaguardia urgente.
Libre de toda tutela ideológica o partidaria, el público presente (entre grupos de amigos, familias enteras, parejas, etc.) no dudó en exteriorizar su hartazgo hacia la clase política, como cuando el gobernador de Cordillera, Denis Lichi, dirigió algunas palabras. O cuando también habló el intendente de la ciudad anfitriona, Emigdio Ruiz Díaz, ambos del Partido Colorado.
Que viva la patria grande
En su alocución, Teresa Parodi, autora del tan sentido chamamé “Pedro Canoero”, habló desde lo más profundo de sus sentimientos, con ese tono “arrastraito” del litoral argentino, y con sus convicciones firmes, como lo defendía en su juventud, desde las trincheras de la docencia y la música.
“El arte habla con nosotros, el arte cuenta quiénes somos. Y nosotros somos quienes caminan desde el fondo, lo profundo de América, para que nadie olvide nuestros nombres, para que nadie tape nuestra huella, cada piedra que habita estos lugares, cada valle dorado o verde selva reconoce de los cantos que cantamos a los cuatro rumbos de esta tierra”, dijo mirando al público.
Parodi resaltó las similitudes entre las maneras de vivir entre argentinos y paraguayos, naciones unidas por el chamamé, la yerba mate, el sueño organizado por una región unida y próspera.
“Herederos que somos palmo a palmo de esta sangre, esta savia y esta senda. Por eso siento que hoy estamos en este instante nuestros pueblos, el mío y el de ustedes, que somos lo mismo”.
Y, por supuesto, no paró de agradecer y mantener la llama viviente de una América unida, impulsada por Simón Bolívar y José de San Martín.
“Yo me siento reconocida en ustedes, yo los miro y soy yo. Y quisiera que ustedes hagan siempre lo mismo con mis canciones. Mi abrazo fraterno, Gracias al pueblo paraguayo. Viva Paraguay. Viva Argentina. Viva. Viva la patria grande”.
Concierto para el alma
Flanqueada por una banda familiar: Emilia Parodi (dirección, arreglos y piano); Ezequiel Parodi (guitarra y arreglos) y Lautaro Parodi (bajo eléctrico), todos nietos suyos, Teresa subió al escenario al filo de las 22:00, luego de los artistas locales teloneros, con un público ansioso por escucharla.
Arrancó con “Pueblero de allá ité”, del mítico Pocho Roch, evocando el sentimiento de los tierra adentro de Corrientes, para continuar con “Apurate José”, ese chamamé kangy que relata con tanta delicadeza la relación de amor y odio del ribereño con el río.
“Les quiero mucho, siempre les digo, pero me gusta decirles”, dijo antes de contar la historia de su abuela, con quien visitó Paraguay en varias ocasiones en su infancia. Todo como preámbulo para entonar “A la abuela Emilia”, otra canción de feroz peso sentimental que evoca toda la carga nostálgica al recordar a ese ser de duro amor que crio tantas generaciones en todo nuestro continente: la abuela.
Parodi no se guardó sus lágrimas de emoción, por cantarla mientras su nieta, Emilia, dirigía todo desde el piano.
Prosiguió “Esa musiquita”, esa canción de añoranza que refleja la identidad cultural de la tierra de origen, la soledad y la resistencia cultural del migrante provinciano en Buenos Aires. Aprovechó para recordar al padre Carlos Mugica, estandarte de los “curas villeros”.
Rumbo al cierre
Luego subió su amigo de siempre, Ricardo Flecha, con quien cantaron “Canción para Verónica”, obra que Parodi dedicó a su hija.
Sin muchas vueltas, continuaron con la canción estrella: “Pedro Canoero”. El pueblo la acompañó, con bailes, coros y aplausos. La noche era perfecta, una tímida brisa y el cielo abierto, testigo un lindo encuentro popular.
Cerró con “Hoy vengo a ofrecer mi corazón”, sellando un repertorio de mucho sentimiento social.
A pedido de la gente, tuvo que cantar una más, y no podía faltar el símbolo ilustre del chamamé: “Kilómetro 11”. La algarabía se adueñó de ese pedacito de tierra. Entre zapateos y calor, Parodi le cantó a los suyos.








