Interesante juego sonoro y expresivo el que propuso Asunciónico 2026 en su primera noche. De buenas a primeras, la propuesta era potencia, pero no tan fácil así. Hubo una combinación entre extroversión e introversión que pintó un panorama muy interesante dentro de la expresión rockera.
Como era de esperarse, desde temprano la cosa se puso fuerte, pero con poco público. La gente se fue aglomerando de a poco en el Parque Olímpico. Afortunadamente, el clima fue benigno, a pesar del susto en la víspera. El público puso pecho al mal tiempo y la tormenta no se asomó.
Nod arrancó el festival, presentando tema nuevo. Luego, actuó Steinkrug que rindió un homenaje a Phil Campbell, integrante de Motorhead, fallecido el viernes 13 pasado.
Kuazar se presentó con su thrash metal característico, seguido de los suecos de Viagra Boys, ya cuando había una buena cantidad de público presente. Un grupo que rompe esquemas, bien incorrecto y muy interesante.
Luego tocó Villagrán que contó con algunos invitados como Chirola, que cantó “Verano del 99”; Josema, guitarrista de Kuazar, en el tema “La brutal”, y el violinista Franco Pinazzo.
Interpol presentó un concierto potente e intenso, pero contenido, sobrio, hasta elegante. No hay sobresaltos. El repertorio descansa en las guitarras con riffs hipnóticos. La voz de Paul Banks expresa esa intensidad. En su forma de cantar se aprecia toda una historia de una manera diferente de hacer rock en Estados Unidos, que llega hasta Lou Reed e Iggy Pop. Un camino diferente al mainstream, pero que ha calado hondo.
Turnstile es extroversión, es juventud. Decir que lo que hacen es hardcore es insuficiente. El grupo se permite jugar con matices, con intros inquietantes que anticipan el desborde. El cantante Brendan Yates comanda la escena, pero las guitarras de Pat McCrory y Meg Mills ponen fuerza a la locomotora. Comenzaron con “Never enough” (y sí, nunca es suficiente) y culminaron con “Birds” (¡Cómo quisiéramos que estas músicas suenen más en las radios! ¿Es pedir mucho ponerse al día en vez de tanto retro?).
Deftones sobrevivió aquella oleada del nu metal de fines de los noventa y comienzos del 2000 al hacer una música más introspectiva. Mientras Linkin Park y Limp Bizkit expresaron un sonido más abierto y hasta cercano al pop. Deftones hizo un camino sombrío que lo trae hasta 2026 manteniéndose tan vigente como entonces. Decir que lo que hacen es metal queda corto. Su sonido es muy propio, llegando a rozar el posrock. Presentaron un set contundente, de mucha potencia pero que nos evoca más a una implosión que a lo contrario, a pesar de la voz exasperante de Chino Moreno y el sonido machacante de la banda. Presentaron un set en el que prevalecieron las canciones de su último álbum, “Private Music”, entre ellos “My Mind is a Mountain”, uno de los primeros, y “Milk of the Madonna”, que iba a cerrar el concierto, con Moreno vistiendo una camisa ao po’i y sombrero que alguien del público le regaló. La última fue “Adrenaline”, de su primer álbum de 1995. Todo vuelve al comienzo.
El cierre fue con el DJ Skrillex, cerca de las 23:00. Modo extroversión nuevamente, pero Skrillex es Skrillex. No es solo mover el cuerpo, sino desconcertarse. Buscar otras conexiones, romper esquemas.


