La fiebre del “high protein”, mitos y verdades tras la etiqueta de moda

Cada vez más alimentos se promocionan por su contenido de proteínas, pero no todos son necesarios ni necesariamente más saludables. La nutricionista Azucena Gómez explicó cómo leer estas etiquetas y qué tener en cuenta antes de pagar de más.

| Por La Tribuna
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La cantidad de proteínas debe analizarse junto con el resto de los componentes del alimento.

La palabra “proteína” se volvió protagonista en los envases como yogures, leches, cereales y otros productos incorporan la etiqueta “high protein” como una forma de destacar frente a otras opciones. Pero, según la nutricionista Azucena Gómez, no alcanza con ver esas dos palabras para saber si un alimento realmente ofrece un aporte importante o si es la mejor elección.

La profesional recomendó mirar la información nutricional. Lo principal es revisar cuántos gramos de proteína aporta por porción y por cada 100 gramos o 100 mililitros. También es importante observar el tamaño de la porción, ya que una cantidad similar de proteína puede parecer más atractiva cuando corresponde a una porción mucho menor.

Gómez señaló además que el uso de expresiones como “alto en proteínas” está sujeto a criterios que pueden variar según el país. Por eso, consideró más útil aprender a interpretar la etiqueta que dejarse llevar por la publicidad del frente.

Pero el contenido de proteínas no debería analizarse de manera aislada. La especialista aconsejó revisar también los ingredientes, azúcares, grasas, sodio, fibra y aporte energético. Tener más proteínas no convierte automáticamente a un alimento en saludable y tampoco significa que su versión “high protein” sea mejor que la tradicional.

De hecho, no todas las personas necesitan aumentar su consumo de proteínas. Explicó que los requerimientos dependen de la edad, el peso, la actividad física, el estado de salud y los objetivos de cada persona. Alguien que entrena fuerza y busca aumentar o preservar masa muscular puede tener necesidades diferentes a las de una persona sedentaria.

Además, existen etapas de la vida y determinadas situaciones clínicas en las que el aporte de proteínas requiere especial atención. Para muchas personas, sin embargo, las necesidades pueden cubrirse perfectamente con alimentos habituales, sin recurrir a productos especialmente promocionados por su contenido proteico.

Otro punto que Gómez busca aclarar es la relación entre proteína y masa muscular, ya que comer más no significa desarrollar más músculo. Para lograrlo se necesita entrenamiento de fuerza, suficiente energía, proteínas y otros nutrientes, además de descanso y recuperación. En quienes entrenan, también importa distribuir adecuadamente el consumo de proteínas durante el día.

¿Vale la pena pagar más por un producto “high protein”?

La entrevistada consideró que depende de cada caso, ya que puede ser una alternativa práctica para una merienda o después del entrenamiento, pero no es indispensable. Antes de elegirlo, propone comparar su precio y composición con otras opciones y preguntarse si realmente se necesita ese aporte adicional.

Huevos, leche, yogur, quesos, carnes, pescados y legumbres también permiten incorporar proteínas a la alimentación cotidiana. Por eso, la nutricionista advirtió que la proteína se convirtió también en una herramienta de marketing y puede generar la sensación de que hay que buscarla en todos los productos.

Para Gómez, la clave está en dejar de perseguir la palabra “proteína” en los envases y empezar a mirar el alimento en su conjunto. Un producto “high protein” puede ser útil, pero no es una garantía de que sea más saludable.

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