Históricamente, a las mujeres se les enseñó a cuidar su “reputación”, pero no necesariamente a conocer ni disfrutar su propio cuerpo. Esta mirada hacia la sexualidad de la mujer, aunque se haya flexibilizado con el tiempo, todavía permanece en distintos ámbitos de la sociedad, ya que modificar una visión social arraigada requiere tiempo y, durante generaciones, la sexualidad femenina estuvo asociada principalmente al matrimonio, la maternidad y el placer masculino.
En ese contexto, también surgen prejuicios alrededor de la masturbación femenina. Una mujer que se masturba puede ser señalada como alguien que está “soltera”, que “necesita demasiado del sexo” o incluso relacionada con la promiscuidad. Estas ideas contribuyeron a que muchas mujeres vivieran el conocimiento de su propio cuerpo desde la culpa o la vergüenza, en lugar de entenderlo como parte de su sexualidad.
Conocerse también puede tener beneficios a nivel físico, psicológico y personal, la experiencia puede contribuir al buen humor y a reducir el estrés, además de favorecer una mayor conexión con el propio cuerpo. También permite identificar qué sensaciones resultan agradables y cuáles no, aunque no existe una única manera de hacerlo, porque cada cuerpo y cada gusto son diferentes.
Para quienes desean explorar su sexualidad, no existe una edad ideal para comenzar ni la necesidad de alcanzar un orgasmo. El proceso puede empezar simplemente conociendo el propio cuerpo y registrando las sensaciones, sin exigir resultados. Lo recomendable, según Rojas, es hacerlo libremente, por gusto propio y al ritmo de cada persona.
El entorno también puede influir en la experiencia. Un lugar tranquilo y privado, sin apuros ni interrupciones, permite concentrarse en las sensaciones corporales. La idea es comenzar reconociendo el cuerpo y conectando con un momento de tranquilidad, sin establecer como objetivo obligatorio llegar al orgasmo, porque disfrutar de las sensaciones también forma parte de la experiencia.
En cuanto al cuidado, para iniciar a masturbarse por primera vez es utilizar lubricantes a base de agua, indicados para el contacto vaginal. Si se utilizan juguetes sexuales, es importante prestar atención a su calidad y optar por materiales adecuados, como la silicona de grado médico. Además, algunos juguetes pueden requerir el uso de preservativo y deben limpiarse adecuadamente, siguiendo las instrucciones correspondientes.
La educación también cumple un papel importante en este proceso. Si una mujer aprende desde pequeña que sentir placer está mal, puede crecer asociando la sexualidad con culpa y vergüenza. Por eso, la educación sexual no debería limitarse a la prevención de embarazos y de infecciones, sino también incluir el conocimiento, el cuidado y el respeto del propio cuerpo, mencionó la psicóloga especialista en sexualidad Alessandra Rojas.


