El potencial ya no alcanza

Por Ricky Alderete.

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El potencial ya no alcanza.Celebran la diversidad cultural en el Centro Histórico de Asunción.

Paraguay no es un país pobre. Es un país que aún no ha decidido ser rico. La diferencia entre una y otra cosa no está solo en los recursos, sino en las expectativas que se tienen de las instituciones, de los políticos y, sobre todo, de uno mismo.

Si entraste a leer esta columna pensando que es una crítica a la gestión del actual presidente Santiago Peña, te equivocaste. Si compartiste sin leerlo por completo, probablemente también estés equivocado.

La peor gestión que podemos tener no es —solamente— política, es social y cultural. Es lo que hacemos nosotros, los paraguayos, con lo que tenemos, con lo que somos. Pero sobre todo, es lo que proponemos y exigimos.

Paraguay tiene una ventaja competitiva real que muchos países envidiarían: energía hidroeléctrica de sobra a muy buen precio, una de las mejores tierras agrícolas del continente, una población relativamente joven y con una identidad cultural fuerte, y una estabilidad macroeconómica que, comparada con varios vecinos, es envidiable.

Sin embargo, en la práctica cotidiana todavía convive la burocracia que parece diseñada para cansar, una cultura de “adaptarse” en vez de exigir sistemas que funcionen, la educación que produce títulos —dudosos— pero no siempre competencia, una clase política que, con demasiada frecuencia, compite más por el control del Estado que por mejorar su funcionamiento.

Pero sería hipócrita quedarnos solo en lo que no están haciendo “los de arriba” porque la mediocridad también se sostiene desde abajo. Paraguay tiene un pueblo hermoso que se queja con pasión, pero que se resigna con la misma determinación. Normalizamos el “péichante” en vez de incomodar para llegar a una solución definitiva.

Y cuando alguien intenta hacer las cosas bien, con frecuencia lo miramos con sospecha: “Seguro algo quiere”. Una sociedad que tolera lo mediocre termina produciendo mediocridad. “No es señal de salud estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”, es una cita que coincide con lo que intento describir y que apareció por primera vez en el libro “The Eden Express” (1975) del escritor Mark Vonnegut.

La responsabilidad ciudadana no es solo votar cada cinco años. Es exigir todos los días. Es dejar de romantizar la “viveza” cuando en realidad es una forma de sobrevivir a un sistema roto. Es dejar de ser solo espectadores indignados y pasar a ser exigentes permanentes: en la escuela de los hijos, en la municipalidad, en la calle, en las redes, en la mesa familiar.

Paraguay no va a salir del “tiene potencial” solo porque llegue un mesías político. El mesianismo político es una farsa. Un país cambia verdaderamente cuando es la gente la que empieza a vivir distinto y en esa exigencia cotidiana del hacer bien las cosas, no hay político que permanezca igual.

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