El llamado punto P masculino debe su nombre a la próstata y surgió como una analogía a la teoría del punto G femenino. Según el sexólogo Ariel González, existe la creencia de que esta zona puede generar un mayor placer en algunos hombres, aunque otras investigaciones también señalan al área del frenillo del pene como un punto de extrema sensibilidad.
Al estimular la próstata de forma manual, mediante penetración o con juguetes, suele pensarse que se logra un orgasmo distinto. Sin embargo, el especialista fue categórico al aclarar que el orgasmo biológico es uno solo. La intensidad dependerá de cada persona, ya que la respuesta sexual tiene una fuerte carga subjetiva y emocional que va mucho más allá de la simple anatomía.
Uno de los principales mitos que aún rodea a esta práctica es su falsa relación con la orientación sexual. El sexólogo desmintió enfáticamente la estigmatizante idea de que explorar esta zona pueda cambiar la preferencia de un hombre, recordando que muchos heterosexuales incluyen la estimulación prostática en su vida íntima y que cada individuo tiene el derecho absoluto de decidir cómo disfrutar de su sexualidad.
En el ámbito de la salud, aunque la eyaculación regular se vincula a un menor riesgo de cáncer de próstata, la estimulación directa de esta glándula no previene dicha enfermedad. De hecho, advirtió que el exceso de estímulo o los movimientos bruscos pueden causar inflamación, dificultad para orinar y molestias significativas.
Para quienes deseen iniciar esta exploración de forma segura, González resumió los cuidados en tres pilares esenciales: higiene extrema, relajación total y uso abundante de lubricante a base de agua.
Recomendó avanzar de manera muy gradual para evitar lesiones, subrayando que la comunicación en pareja es fundamental para establecer límites y manifestar cualquier incomodidad al instante.
El profesional advirtió que se debe evitar por completo esta práctica si la persona atraviesa un proceso inflamatorio, un tratamiento oncológico o se recupera de una cirugía pélvica, recordando que la consulta con un especialista, ya sea presencial o por telemedicina, es siempre la herramienta más segura para despejar dudas.
¡Datos extras!
1-Lágrimas de placer: La carga subjetiva y emocional de alcanzar el clímax mediante la estimulación de esta zona puede ser tan intensa que, según explicó el especialista, algunas personas experimentan una descarga física que las lleva a llorar.
2-La función biológica real: Más allá del placer, la próstata cumple un rol fisiológico fundamental, ya que es la encargada directa de producir una gran parte del líquido seminal.
3-Eyaculación independiente: El cuerpo masculino no necesita de la estimulación prostática para llegar al clímax. El profesional precisó que la eyaculación ocurre de forma completamente natural mediante el coito o la masturbación tradicional.
4-El fin del tabú en el consultorio: Para quienes sienten vergüenza de hablar sobre estas exploraciones, el experto recordó que la teleconsulta (videollamada) se ha convertido en una herramienta excelente, brindando mayor privacidad y comodidad a los pacientes desde sus casas.
5-Orientación sexual intacta: El especialista enfatizó que la estimulación prostática es puramente una respuesta anatómica y placentera del cuerpo, por lo que explorar esta zona no modifica en absoluto la orientación sexual ni “vuelve gay” a un hombre heterosexual.


