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Benching: señales de que estás en el “banco de suplentes” emocional

La psicóloga Stella Agüero analizó el “benching”, una conducta que mantiene los vínculos en un “limbo” emocional mediante señales contradictorias. Desde la liberación de dopamina hasta los perfiles evitativos, explicó por qué esta dinámica genera una dependencia tan difícil de romper y cómo recuperar la autonomía frente a la ambigüedad.

| Por La Tribuna

El “benching” describe una conducta en la que una persona alterna momentos de proximidad afectiva con períodos de alejamiento. Agüero explicó que esta dinámica instala señales contradictorias que mantienen a la otra parte en estado de expectativa constante. La relación no avanza ni se corta, sino que queda suspendida en una ambigüedad que confunde y desgasta. Este patrón genera una sensación de inestabilidad, donde el vínculo parece activo, pero carece de definición.

Desde la perspectiva neuropsicológica, la especialista señaló que la atención activa el sistema de recompensa del cerebro, liberando dopamina. Al tratarse de una respuesta impredecible, cada gesto de interés se percibe como más valioso de lo que realmente es. Esta lógica refuerza el apego hacia quien ejerce el benching, ya que la persona prioriza la gratificación momentánea por encima de la calidad del vínculo. El resultado es una conexión sostenida más por la expectativa que por la reciprocidad.

Agüero indicó que no existe un único perfil, aunque menciona algunas características frecuentes. Entre ellas, el apego evitativo, donde hay dificultad para sostener la intimidad; rasgos narcisistas o impulsivos, centrados en la propia necesidad; y la búsqueda constante de validación. Aclaró que no siempre hay intención de daño, ya que también puede responder a inmadurez emocional. Sin embargo, dijo que se convierte en una falta ética cuando se mantiene la conducta aun sabiendo que la otra persona está emocionalmente involucrada o cuando no se comunica con claridad la falta de interés en una relación seria.

Entre las señales de alerta mencionó la incoherencia entre lo que se dice y lo que se hace, el contacto irregular con momentos intensos, la desaparición repentina y el evitar definir la relación. También advirtió sobre patrones como reaparecer cuando la otra persona toma distancia.

Agüero remarcó que la permanencia en estos vínculos suele sostenerse por el refuerzo intermitente y por creencias que alimentan la espera, como la idea de que el otro cambiará. Ante este escenario, recomendó trabajar en el establecimiento de límites claros, alineados con los propios valores, y revisar pensamientos que afectan la autoestima. Señaló que la ayuda terapéutica resulta clave para abordar estas dinámicas, fortalecer la valoración personal y aprender a cortar el contacto cuando la relación no ofrece bienestar.

¿Cómo saber si estás en el banco?

Intermitencia calculada: Aparece con intensidad un par de días y luego desaparece una semana. Te da lo justo para que no te olvides de su existencia.

Evita las etiquetas: Cuando intentás definir el vínculo o proyectar un plan a futuro, desvía el tema o usa frases como “estoy fluyendo” o “no me gustan las presiones”.

Apariciones oportunas: Siempre reaparece justo cuando vos empezás a tomar distancia o a conocer a alguien más. Su radar detecta que está perdiendo el control sobre tu atención.

Incoherencia total: Hay una brecha enorme entre lo que dice (“me encantás”, “te extraño”) y lo que hace (nunca tiene tiempo para verte o cancela a último momento).

¿Cómo salir del limbo?

Observa los hechos, no las palabras: Las promesas no valen si no hay presencia real.

Pone fecha de vencimiento: Si después de un tiempo prudencial la relación sigue en el mismo punto, la respuesta es que no va a avanzar.

Recupera tu autonomía: No dejes tu vida en pausa esperando un mensaje. El benching solo funciona si vos aceptás el lugar de suplente.

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