Bianca González, de 22 años, es oriunda de la ciudad de Caaguazú y, desde allí, sus andanzas de jovencita fueron acumulando vivencias que serían fuentes de versos que entre idas y vueltas fueron tomando formas hasta convertirse en poemas.
El paso de los años hizo que estos se acumularan, escenario perfecto para alternarlos en un poemario que lanzó recientemente. Lleva el nombre de “Olas frías, versos tibios” y está a la venta para los interesados en adquirirla. Para ello, pueden comunicarse al (0982) 652-083.
González tiene 19 años, actualmente cursa el primer año de la carrera de Nutrición. “Me considero autora de mi propio caos, apasionada por las letras y las emociones profundas. La escritura es mi refugio y una forma de expresar lo que realmente siento”, dijo en una conversación con La Tribuna.
Un vaivén de emociones y sentimientos

La joven escritora resaltó que su poemario es una invitación a recorrer con ella sus vivencias, que podrían ser las de cualquier otra persona, pero expresadas y ordenadas de manera estética en versos.
“Se van a encontrar con emociones reales. Es un libro que abraza, que duele y que también sana. Cada poema es un pedacito de historia: amor, pérdida, nostalgia, dudas…, quizás sentimientos míos o de cualquiera”, dijo.
Detalló que el libro recoge obras suyas que fueron surgiendo en diferentes momentos y situaciones.
“No los escribí de una sola vez. Son escritos que fui creando a lo largo del tiempo, en distintas etapas de mi vida. Cada uno nace de un momento diferente, por eso el libro tiene tanta variedad emocional. Armar el poemario me tomó 6 meses, comencé en junio y en diciembre ya habían aceptado”, declaró en la entrevista.
Mucha pasión
En un recorrido por sus obras, González no escatima en expresar sus más profundos sentimientos de amor; desamor, tristezas, nostalgias o la pasión por alguien que le juró lealtad a su corazón.
Sus versos son largos, con estrofas extensas y las obras sobrepasan una sola página. El ritmo constante hace que la fluidez sea amiga de la lectura y facilita la concentración del lector.
Un refugio que la salvó
En otro momento de la entrevista, González se sinceró y reveló que en algún momento, puntualmente a los 14 años, con una depresión diagnosticada, tuvo que sostenerse en algo que le permitiera sobrellevar esa situación. Y allí encontró la lectura.
“La tristeza fue el inicio de todo. Hubo un tiempo en el que no quería habitar mi propia vida, entonces me refugié en los libros… porque leer me permitía irme a otros mundos cuando el mío pesaba demasiado”. “En medio de ese silencio, empecé a sentir… y de ahí nacieron mis palabras. Escribir fue la manera de encontrarme cada vez que me perdía”, dijo.
Bia, como le dicen sus amigos, aspira a poder coincidir con los amantes de la lectura a través de sus escritos. “Me gustaría que alguien lea un poema y sienta que no está solo, que alguien más pasó por lo mismo. Si logro que al menos una persona se sienta acompañada y comprendida ya vale completamente la pena”.
Le mueve la intensidad
A la predeterminada pregunta (que se le hace a los poetas) sobre lo que la moviliza para escribir sus pensamientos en rimas y versos, Bia respondió: “Me inspiran las emociones intensas: el amor, la tristeza, la nostalgia, los cambios. También las personas, las despedidas, los silencios… Principalmente, me inspira la capacidad de empatía que puedo manejar. Me fascina el poder tener acceso a emociones ajenas, escribir sobre ellas y así comprenderlas”.


