"Animate, es una oportunidad de la cual jamás te vas a arrepentir". Con estas palabras, Yanina Guillén resume su experiencia tras vivir dos años en Taiwán. La joven luqueña, que nunca antes había subido a un avión, superó las barreras del idioma y la distancia para titularse como ingeniera, dejando un mensaje de empoderamiento y resiliencia para toda una generación.
Yanina Guillén, una joven de 22 años oriunda del barrio Primavera, de Luque, es hoy el vivo ejemplo de que las fronteras solo existen para ser superadas. Con una determinación que parece grabada en su ADN, Yanina transformó la incertidumbre en una aventura de vida que la llevó desde las aulas del Centro de Capacitación Técnica de Luque (CCTL) hasta los rascacielos y la vanguardia tecnológica de Taiwán.
Su camino no fue lineal ni estuvo exento de desafíos. Todo comenzó en el 2021, cuando Yanina cerraba su etapa escolar en un colegio técnico público donde la excelencia es la única llave de entrada. Sin embargo, el verdadero reto llegó en el 2022, al ingresar a la Universidad Politécnica Taiwán-Paraguay (UPTP) en la carrera de Ingeniería Industrial. El proceso de admisión fue, en sus propias palabras, una montaña rusa de emociones. Prepararse durante seis meses, enfrentando ejercicios matemáticos en inglés y términos técnicos desconocidos, puso a prueba su resistencia. Los nervios y la ansiedad fueron compañeros de viaje, pero su voluntad fue superior: logró el puntaje necesario y aseguró su lugar en una de las carreras más exigentes del país.
La vida, sin embargo, tenía preparado un giro inesperado. Debido a los tiempos de construcción de la sede de su facultad, el destino le propuso un desafío mayor: cursar tres semestres en Taiwán. Para una joven que nunca se había subido a un avión, la propuesta era tan aterradora como fascinante. Con la valentía que caracteriza a quienes están destinados a grandes cosas, Yanina empacó su vida entera en dos maletas. Se despidió de su numerosa familia —sus seis hermanos, sus padres y su pequeña sobrina— y partió hacia lo desconocido, a 20.000 kilómetros de distancia y con 11 horas de diferencia horaria.
Lo que inicialmente serían 18 meses se transformaron en dos años de una metamorfosis personal profunda. Yanina no solo cumplió con sus obligaciones académicas, sino que demostró una proactividad excepcional al aplicar a una pasantía profesional en una empresa taiwanesa, logrando quedarse seis meses adicionales. En el área de control de calidad, aprendió que la ingeniería es mucho más que cálculos; es precisión, cultura y adaptabilidad. Taiwán se convirtió en su escenario de crecimiento: allí aprendió a estar sola, a caer y levantarse, y a descubrir fortalezas que no sabía que poseía.
"Vivir en otro país durante un año es como vivir cuatro años en el propio", reflexiona Yanina. Su experiencia confirma esta teoría. Enfrentó momentos de nostalgia profunda, donde los abrazos familiares tenían que ser virtuales y el silencio de la distancia pesaba en el alma. Sin embargo, su resiliencia la mantuvo firme. Entendió que, cuando el propósito es claro, la distancia es relativa. Hoy, tras haber concluido sus semestres y su pasantía, se prepara para el regreso a Paraguay, no como la joven que se fue con miedo, sino como una profesional consciente, fuerte y empoderada.
El regreso de Yanina a su tierra natal marca el cierre de un capítulo dorado, pero abre un abanico de posibilidades infinitas. Con su título de Ingeniera Industrial en trámite, proyecta insertarse en el mercado laboral paraguayo, explorando áreas como logística, supply chain o análisis de datos. Su objetivo es claro: ganar experiencia, disfrutar de su familia y, en un futuro, perseguir un posgrado, manteniendo siempre la puerta abierta para volver a la isla que la acogió.
La historia de esta luqueña es un mensaje potente para la juventud paraguaya. Yanina demuestra que el origen no determina el destino y que la educación pública técnica es una base sólida para conquistar el mundo. Su valentía nos enseña que el miedo es solo una señal de que estamos ante algo que vale la pena. A los jóvenes que hoy dudan sobre si perseguir un sueño en el extranjero o enfrentar un examen difícil, ella les habla con la autoridad de quien ya cruzó el puente: "Animate, porque de verdad es una oportunidad de la cual jamás te vas a arrepentir".
Hoy, Yanina Guillén regresa a casa con el corazón lleno de recuerdos y la maleta cargada de conocimiento. Se va de Taiwán distinta: más fuerte, más consciente, más ella misma. Deja atrás las calles que fueron hogar para volver al barrio Primavera, recordándonos a todos que el éxito no es solo llegar a la meta, sino tener el coraje de soltar la comodidad para ir tras aquello que nos hace crecer. Su viaje es, en esencia, el triunfo de la voluntad sobre la incertidumbre, un faro de luz para todos los que, desde un aula en Luque o en cualquier rincón del país, sueñan con tocar el cielo con las manos.


