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De la tierra roja a Rutgers: el vuelo de un joven paraguayo

Benito Ortega Torres, un ingeniero paraguayo de origen rural, se destaca actualmente como investigador en la Universidad de Rutgers en Estados Unidos…

| Por La Tribuna
Benito Ortega cosecha sueños en Estados Unidos: de Misiones a la Universidad de Rutgers.

Benito Ortega Torres, un ingeniero paraguayo de origen rural, se destaca actualmente como investigador en la Universidad de Rutgers en Estados Unidos. Después de emprender en horticultura y autogestionar sus estudios de posgrado, su objetivo es aplicar políticas públicas para impulsar el desarrollo de las áreas rurales de Paraguay.
Hay distancias que no se miden en kilómetros, sino en sueños y perseverancia. Para Benito Ortega Torres, a quien todos llaman Ben, el trayecto desde las pequeñas fincas familiares de Misiones hasta los centros de alta investigación en Nueva Jersey ha sido un camino labrado con esfuerzo propio. Criado en una familia de trabajadores rurales donde cada logro era fruto del sacrificio compartido, Ben transformó las limitaciones de su entorno en el combustible necesario para convertirse en ingeniero, docente y, hoy, en un investigador que representa la voz y la esperanza del Paraguay rural en el extranjero.

La historia de Ben no es la de un privilegio heredado, sino la de una resiliencia cultivada con paciencia y sudor. Nacido en Hohenau y criado en el seno de una familia trabajadora, aprendió desde temprano el valor del esfuerzo cotidiano y la solidaridad. Su padre, un agricultor de pequeña escala dedicado a rubros de autoconsumo como la mandioca, el poroto y la caña dulce, y su madre, una docente hoy jubilada que sigue ordeñando sus vacas y haciendo queso artesanal, le dieron la lección más importante de su vida: el trabajo digno es la base de cualquier sueño, por más lejano que parezca.

El punto de inflexión en su camino llegó a través de la curiosidad y la apertura al mundo. Durante su niñez y adolescencia, Ben tuvo contacto con voluntarios del Cuerpo de Paz que trabajaban en las zonas rurales de su región. Ese intercambio intercultural no solo le regaló la fluidez en el idioma inglés —una herramienta que él define como un puente clave—, sino que le abrió una ventana hacia horizontes que en ese entonces parecían inalcanzables. A los 15 años, con la mochila cargada de ilusiones, dejó el nido familiar para mudarse a la Escuela Agrícola de San Juan Bautista, donde su vocación por la tierra comenzó a profesionalizarse.

Su camino estuvo marcado por hitos de liderazgo y un compromiso inquebrantable con el servicio. Fue seleccionado como “Joven Embajador” en el 2015 por la Embajada de Estados Unidos y, años más tarde, regresó al programa como mentor adulto. Estas experiencias no fueron solo viajes o menciones en un currículum, fueron los ensayos de lo que vendría después: la firme convicción de que un joven paraguayo, proveniente de un entorno rural y de escasos recursos, tiene un asiento reservado en las mesas donde se discute el futuro global.

Tras recibirse como ingeniero agrónomo en la Universidad Nacional de Asunción (UNA), Ben no se sentó a esperar que las oportunidades golpearan su puerta. Junto a su esposa inició Bomplant Horticultura, un emprendimiento de producción sostenible de frambuesas, frutillas y zarzamoras. Este proyecto no fue solo una iniciativa agrícola, fue el motor de su autonomía económica y la prueba de que el desarrollo arraigado en la tierra es posible. Mientras se desempeñaba como docente universitario y coordinador de bienestar estudiantil en la filial de Santa Rosa, las frutas de Bomplant crecían como símbolo de que la sostenibilidad y el trabajo familiar pueden financiar grandes ambiciones.

“Siempre quise formarme en el extranjero, pero por cuestiones de dinero no se daba”, confiesa con la honestidad de quien conoce de cerca las carencias. Sin embargo, en el 2021 inició una hoja de ruta meticulosa, preparándose para el desafío de su vida. A finales del 2023 decidió que era momento de saltar. Sin una beca externa tradicional, él mismo autogestionó su ingreso a la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey. Su perfil, forjado en el trabajo comunitario, la investigación y la excelencia académica, impresionó tanto a la institución que le ofrecieron un puesto de asistente de investigación de postgrado. Hoy, Ben financia su vida en el extranjero investigando temas de desarrollo comunitario y políticas públicas, pagando su alquiler y estudios con el fruto de su propio intelecto.

Desde la distancia, pero con el corazón más anclado que nunca a su tierra, Ben cursa su maestría y doctorado con una meta clara: volver para devolver. Su sueño es trabajar en proyectos que enfrenten los desafíos de las zonas rurales y los sectores más vulnerables de Paraguay, mostrando al mundo tanto las debilidades del país como sus inmensas fortalezas. Sobre el uso de la tecnología, Ben ofrece una mirada esperanzadora, alejándose de las críticas comunes: entiende que las redes sociales son, para muchos jóvenes olvidados, la única ventana disponible hacia recursos, educación y modelos de éxito que antes eran invisibles.

Para los jóvenes que hoy lo miran desde una finca en el interior o desde un aula con pocos recursos, deja un mensaje cargado de urgencia y amor por la patria. Les pide que no usen los problemas del país como una excusa para la inercia, sino como un motor para caminar ese “kilómetro extra”. “En un país donde los jóvenes de zonas rurales son muchas veces dejados de lado, es vital que salgamos a buscar las oportunidades para traer a nuestra casa conocimientos y herramientas que mejoren la calidad de vida de nuestra comunidad”, reflexiona.

Benito Ortega Torres representa a esa nueva generación de paraguayos que, sin olvidar sus raíces ni el olor a tierra de su infancia, creen en el conocimiento y la acción colectiva como los únicos motores reales del cambio social. Su historia nos recuerda que, cuando se siembra con esfuerzo y se riega con educación, la cosecha de éxito no tiene fronteras.

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