La Tribuna que cambia el juego

Pequeños productores vencen al cambio climático en Paraguarí

En Paraguarí, 14 familias del Comité Cristo Rey están transformando la agricultura local a través de prácticas agroecológicas. Mediante capacitación …

| Por La Tribuna
El comité recibe asistencia técnica para mejorar su producción y recuperar semillas.

En Paraguarí, 14 familias del Comité Cristo Rey están transformando la agricultura local a través de prácticas agroecológicas. Mediante capacitación técnica y la recuperación de semillas propias, convierten suelos agotados en fincas resilientes al cambio climático, avanzando hacia la soberanía alimentaria.

En las tierras de Catalán, donde el sol de Paraguarí baña los cultivos de General Bernardino Caballero, se está gestando una revolución silenciosa pero poderosa. No se trata de maquinaria pesada ni de grandes inversiones externas, sino de algo mucho más transformador: el conocimiento compartido, la formación técnica y la voluntad inquebrantable de 14 familias. El Comité Cristo Rey no solo está recuperando hectáreas de suelo; está reconstruyendo la dignidad del productor paraguayo a través de una herramienta que hoy, en plena crisis ambiental global, es más valiosa que el oro: la asistencia técnica estratégica y la capacitación continua.

A nivel mundial, el cambio climático ha dejado de ser una amenaza lejana en los informes científicos para convertirse en una realidad cotidiana que golpea con especial dureza a los pequeños agricultores. En Paraguay, la comunidad de Catalán ha decidido que no será víctima de las estadísticas climáticas, sino protagonista de un modelo de adaptación y resiliencia que puede servir de ejemplo para toda la región.

Atrás quedaron los días de incertidumbre marcados por el uso excesivo de agroquímicos y prácticas nocivas que, buscando una rentabilidad inmediata, terminaron agotando la riqueza de la tierra y el bolsillo de las familias. Los integrantes de este comité han entendido que, ante un clima cambiante e impredecible, el esfuerzo físico por sí solo ya no es suficiente. El trabajo duro debe ir de la mano con la inteligencia productiva. La asistencia técnica especializada ha sido el puente fundamental que ha permitido a estos productores pasar de una agricultura de subsistencia, vulnerable al clima, a un modelo agroecológico regenerativo donde cada acción está respaldada por el conocimiento científico aplicado a la naturaleza.

Durante los años 2024 y 2025, el Comité Cristo Rey se ha transformado en una verdadera escuela de campo. El manejo estratégico del agua, la recuperación de la materia orgánica mediante abonos verdes y la protección de los remanentes de bosque nativo han dejado de ser conceptos teóricos en manuales para transformarse en prácticas cotidianas que devuelven la vida a parcelas que se creían perdidas. Al fortalecer la salud del ecosistema, los productores están creando fincas "climáticamente inteligentes"; suelos que retienen mejor la humedad durante las sequías, sistemas de cultivo que resisten vientos fuertes y parcelas biodiversas que controlan las plagas de forma natural sin depender de venenos costosos.

El éxito más tangible de este proceso de aprendizaje es la recuperación de la semilla de arveja. Este rubro, que antaño fue el motor económico de la zona y que se encontraba en riesgo de desaparecer por la pérdida de variedades locales, hoy vuelve a ser el centro de la esperanza. Gracias a las capacitaciones específicas en selección de semillas y mejoramiento genético natural, los socios han logrado lo que muchos creían imposible. Para finales de 2025, el comité ya no depende de insumos externos de dudosa calidad; cuentan con su propia semilla agroecológica, un tesoro biológico adaptado perfectamente al clima de Paraguarí. Este logro es un acto de soberanía alimentaria en su máxima expresión: el productor vuelve a ser dueño de su ciclo productivo, desde la semilla hasta la cosecha.

Pero la técnica, por poderosa que sea, requiere de un corazón que la movilice: la organización comunitaria. El fortalecimiento interno del grupo ha sido el otro gran pilar de esta historia. A través de un plan organizativo detallado, los 14 socios y socias han superado barreras internas, fomentando un clima de confianza, diálogo y transparencia. Hoy, el Comité Cristo Rey no es solo un grupo de vecinos que producen, es una entidad sólida con metas claras, responsables asignados y un sentido de pertenencia que trasciende lo individual. La revitalización de su local social es el símbolo físico de este nuevo impulso; un espacio recuperado que ahora vibra con reuniones de planificación y sueños compartidos.

Este proceso de transformación integral, que incluye el impulso de huertas de autoconsumo para asegurar la nutrición familiar, cuenta con el valioso respaldo de organizaciones como Adveniat y CCFD-Terre Solidaire. Bajo el marco del proyecto de “Producción Agroecológica y Mitigación del Cambio Climático”, estas alianzas demuestran que, cuando se combinan recursos internacionales con la fuerza de trabajo local y una asistencia técnica de calidad, el resultado es el desarrollo sostenible.

La historia del Comité Cristo Rey en Catalán es un mensaje de optimismo para todo el Paraguay rural. Es la prueba viviente de que la pobreza no se combate solo con asistencia económica, sino con el empoderamiento que da el saber. Cuando un productor paraguayo se capacita, se organiza y comprende la importancia de cuidar su suelo, se vuelve invencible frente a los desafíos del clima. El comité mira hoy al 2026 con la certeza de quien ha sembrado en buena tierra: con semillas propias, suelos sanos y una comunidad unida, el futuro de Catalán no tiene límites. Es, en esencia, la victoria del conocimiento y la unión sobre la adversidad.

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