La Tribuna que cambia el juego

Corazón Libre: programa de dignidad y esperanza para mujeres en encierro

Nacido del encuentro genuino con mujeres privadas de libertad, Corazón Libre se afirma como un gesto de humanidad sostenida que demuestra que la transformación comienza en el espíritu.

| Por La Tribuna
Corazón Libre lleva esperanza y empatía desde hace 9 años.

Esta iniciativa, que nació en el año 2016 bajo el ala del Movimiento Peregrino, se ha convertido hoy en un testimonio vivo de que la transformación es posible incluso en los contextos más áridos, demostrando que la libertad es, ante todo, una conquista del espíritu que comienza mucho antes de cruzar el portón de salida.

Todo comenzó cuando un grupo de jóvenes sintió un llamado interior que las interpelaba con fuerza. No buscaban respuestas teóricas en los códigos penales ni en los manuales de sociología; buscaban el encuentro genuino con quienes la comunidad había decidido invisibilizar. Alejandra Mendoza, la abogada que encabeza este proyecto, recuerda esos primeros pasos en el centro penitenciario Casa del Buen Pastor como el escenario de un aprendizaje mutuo que cambiaría su vida y la de cientos de mujeres.

En aquel entonces, casi sin certezas pero con el corazón abierto, Alejandra y un grupo de peregrinas decidieron caminar junto a las mujeres privadas de libertad, descubriendo una realidad que distaba mucho de los prejuicios instalados en el imaginario colectivo. Lo más desafiante de aquellos inicios no fue la logística compleja ni los protocolos de seguridad, sino el ejercicio íntimo de romper barreras propias. Entrar a un penal implica enfrentarse primero a los miedos personales, a los estigmas heredados y a todo lo que creemos saber sin haberlo vivido en carne propia. Aprendieron la difícil pero gratificante tarea de escuchar sin juzgar y de acompañar sin imponer, descubriendo muy pronto que, en ese intercambio de vulnerabilidades, ellas recibían mucho más de lo que daban.

Hoy, casi una década después, ese sueño se ha consolidado en una estructura profesional y orgánica que opera a través de 10 áreas de trabajo especializadas, sostenidas por un equipo comprometido de más de cien voluntarios. Pero en Corazón Libre, la buena voluntad no es suficiente; se requiere preparación. Nadie cruza el umbral del penal por mero impulso; cada voluntario atraviesa un riguroso proceso de inducción, capacitación y seguimiento previo. Esta metodología asegura una presencia responsable, coherente y, sobre todo, profundamente respetuosa en un entorno tan sensible como el encierro.

Entre las áreas que más han transformado la realidad cotidiana se destaca Amanecer, un espacio de luz dedicado a los niños que crecen dentro de las penitenciarías junto a sus madres. Allí, el voluntariado trabaja en estimulación temprana, apoyo escolar y recreación, organizando excursiones y festejos de cumpleaños que devuelven a estos pequeños el derecho sagrado a una infancia normal, lejos del estigma de las rejas. Paralelamente, la labor en el área de Formación siembra semillas de autonomía mediante talleres de emprendedurismo, mientras que el programa DAR (Deporte, Arte y Recreación) utiliza el teatro, el baile y el deporte como canales de liberación emocional, permitiendo que el cuerpo también se exprese y sane.

La labor se extiende con especial énfasis al Centro Educativo Virgen de Fátima, donde el equipo trabaja con adolescentes en conflicto con la ley. En este espacio crítico, la misión es dotar a las jóvenes de herramientas para la vida: desde clases de oficios como peluquería, manicura y finanzas personales, hasta procesos de alfabetización. Se trata de reconstruir la autoestima de quienes, en la gran mayoría de los casos, han sido víctimas de la exclusión y la violencia mucho antes de ser señaladas por el sistema.

Alejandra Mendoza sostiene con firmeza que la reinserción efectiva en Paraguay es posible, pero no es un acto de magia, es un compromiso colectivo que involucra al Estado, al sector privado y a la sociedad civil. Para ella, a menudo no estamos hablando de dar "segundas oportunidades", sino de ofrecer las "primeras oportunidades" que nunca existieron. El impacto de Corazón Libre, que ya ha alcanzado a más de 1.000 mujeres en centros como el Comple de Emboscada y el Serafina Dávalos de Coronel Oviedo, no se mide solo en cifras, sino en lo invisible: en la sonrisa de una mujer que recupera su identidad, en el hijo que vuelve a mirar a su madre con orgullo, o en la paz de quien entiende que su error no es su destino final.

De cara al futuro, el objetivo es claro: fortalecer el acompañamiento pospenitenciario para que la libertad no sea un abismo, sino un nuevo comienzo con sostén y oportunidades reales. Corazón Libre sigue demostrando que una sociedad más segura y justa se construye cuando nos animamos a no cerrar puertas, sino a abrirlas con empatía y la convicción de que, cuando se ofrece una mano honesta, el corazón siempre encuentra el camino para ser libre.

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