La Tribuna que cambia el juego

Navidad de fe tras los muros lleva esperanza a las cárceles

En diciembre, cuando la Navidad logra atravesar los muros del sistema penitenciario, la fe se convierte en un puente de dignidad y esperanza. FundaJo…

| Por La Tribuna
Los peluqueros tanto internos como voluntarios ofrecen cuidado y devuelven dignidad en cada corte.

En diciembre, cuando la Navidad logra atravesar los muros del sistema penitenciario, la fe se convierte en un puente de dignidad y esperanza. FundaJoven, junto a iglesias y organizaciones aliadas, recorre cárceles del país con un mensaje de redención y acompañamiento humano.

El eco metálico de los cerrojos y el frío de las rejas suelen ser la única banda sonora en los pasillos de las penitenciarías de Paraguay. Es un sonido seco, definitivo, que marca la frontera entre el mundo de los vivos y el de los olvidados. Sin embargo, cuando diciembre asoma y el espíritu de la Navidad logra filtrarse por los muros de concreto, ese ruido es reemplazado por algo inusual: el bullicio de la esperanza y la fuerza inquebrantable de la fe. En un país donde el sistema penitenciario enfrenta una crisis de hacinamiento crítica, que supera el 150% de su capacidad instalada, y donde la mirada de la sociedad suele ser de indiferencia o condena surge una iniciativa que se atreve a mirar a los ojos a quienes el mundo prefiere ignorar, recordándoles que hay un Dios que no se olvida de sus nombres.

Bajo el lema “Todo ser humano es mayor que su error”, FundaJoven lleva 16 años recorriendo los rincones más oscuros del sistema carcelario paraguayo. En asociación con diversas iglesias, recorrieron cárceles de Tacumbú, Coronel Oviedo, Ciudad del Este y Misiones. Este año, en una alianza estratégica con la Asociación Vuelve a Soñar y bajo el marco de un convenio de cooperación con el Ministerio de Justicia, la meta es ambiciosa y profundamente humana: alcanzar a 5.100 personas privadas de libertad, hombres y mujeres, para recordarles que su dignidad no se quedó afuera el día que cruzaron el portón del penal. La fe es aquí el cimiento de todo; no se trata solo de asistencia social o una visita de cortesía, sino de la convicción espiritual de que la redención es una promesa divina accesible para todo aquel que se atreva a buscarla.

“Diciembre es una época de mucha presión, nostalgia de momentos complicados, por eso decidimos hacer las visitas en este mes”, relata Juan Chávez, coordinador del proyecto.

La travesía de este año tuvo un inicio potente en la Penitenciaría Regional de Concepción. Durante tres días intensos, el ambiente carcelario se transformó radicalmente. Uno de los pilares más significativos de esta intervención fue la provisión de un alimento digno, un gesto que trasciende la nutrición básica para convertirse en un acto de amor fraternal. En esta edición, la empresa Neuland se sumó a la causa donando la carne para un asado multitudinario. El aroma de la carne a la parrilla, un símbolo tan propio de la cultura paraguaya y de la unión familiar, llenó los patios del penal. Para un interno, recibir un plato de asado de primera calidad no es solo saciar el hambre; es sentirse invitado a una mesa, es recuperar por un instante el sentido de pertenencia y de valor personal. Comer con dignidad es el primer paso para recordar que se sigue siendo un ser humano con derechos y sueños.

Mientras el asado se compartía, el "Cine Móvil" proyectaba historias de superación que invitaban a soñar más allá de los muros. Pero la magia de estas jornadas no solo ocurre en quien recibe, sino también en el corazón de quien da. Para los voluntarios, cruzar el umbral de la cárcel es un ejercicio de humildad que quiebra prejuicios de toda una vida. En este intercambio, todos cambian: el voluntario descubre que la fe se pone a prueba en el servicio real y que detrás de cada uniforme de interno hay una historia de carencias, fracturas y dolores que interpelan la comodidad propia. Se entra con la intención de consolar y se sale con el alma ensanchada, habiendo aprendido que el amor al prójimo es la herramienta de libertad más poderosa que existe.

Un momento de alto impacto humano se vive en el servicio de peluquería. Allí, bajo una dinámica de cooperación única, trabajan codo a codo peluqueros internos —quienes ya ejercen el oficio dentro de los muros— y voluntarios externos. En ese espacio de cuidado personal, entre tijeras, peines y espejos, el estigma desaparece. El acto de arreglar el cabello o la barba devuelve la autoestima y la identidad a quienes a menudo se sienten reducidos a un número de expediente. Es un recordatorio visual de que el cambio empieza desde adentro, pero se refleja afuera.

La caravana se trasladó luego a la Penitenciaría de Emboscada “Viejo”, donde el programa “Libre tras las Rejas” volvió a encender una luz de esperanza. En un contexto donde la reinserción social es una de las deudas más grandes del Estado paraguayo, con tasas de reincidencia que desnudan la falta de oportunidades reales para quienes recuperan su libertad, estas acciones funcionan como un puente de diálogo necesario. La realidad penitenciaria es dura: la falta de programas de formación integral y el juicio social implacable hacen que el camino de regreso sea una cuesta arriba casi imposible. Por eso, la fe juega un rol crucial: es el motor que permite al interno creer que una vida nueva es posible a pesar de las cicatrices del pasado.

Los testimonios y espacios de reflexión permitieron que los internos compartieran sus miedos y anhelos, mientras los voluntarios escuchaban con una empatía que transforma la visión del mundo. La entrega de kits solidarios, cargados de artículos de primera necesidad, fue el gesto tangible de que hay una sociedad afuera que, inspirada por la fe, todavía cree en ellos. La próxima parada es la Penitenciaría de Pedro Juan Caballero, donde la misión vuelve a poner a prueba la resiliencia de quienes deciden donar su tiempo por una causa mayor.

Esta Navidad no se mide en regalos materiales ni en luces de colores, sino en la certeza de que nadie está definido de forma perpetua por sus caídas. El trabajo de FundaJoven y Vuelve a Soñar, potenciado por el apoyo de empresas como Neuland, demuestra que cuando la fe, la solidaridad y la responsabilidad social se unen los muros se vuelven transparentes. Los voluntarios regresan a casa entendiendo que el servicio es el camino más corto hacia la libertad propia, mientras que, en las celdas, la esperanza se convierte en la única puerta que siempre permanece abierta hacia el futuro. La jornada reafirma una verdad poderosa: toda persona es más grande que su pasado y la fe siempre abre caminos donde antes solo había sombras.

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