La Tribuna que cambia el juego

Tatakua y olla de hierro: La pizzería artesanal con un corazón grande

Esta es la historia de Stefano Rossi, un joven paraguayo que encontró en el emprendimiento no solo una vía para el crecimiento personal, sino también…

| Por La Tribuna
La pizzería que apalanca la solidaridad de Steffano.

Esta es la historia de Stefano Rossi, un joven paraguayo que encontró en el emprendimiento no solo una vía para el crecimiento personal, sino también un poderoso vehículo para la solidaridad y el apoyo a niños vulnerables.

Impulsado por el deseo de tener su propio negocio, Stefano estudió Administración. Su camino comenzó en el 2018, en el barrio Recoleta. Sin capital inicial, supo que el éxito requería esfuerzo directo y diario. Empezó con la venta ambulante: recorría las calles ofreciendo ensalada de frutas y sándwiches. Cada venta era un paso hacia la meta, un ahorro metódico para construir su sueño.

El esfuerzo rindió sus frutos, y tras años de perseverancia, en el 2021, Stefano dio el gran salto y fundó su propia pizzería, un proyecto que destacaría por su sello artesanal y distintivo. “Ya empecé en Lambaré, en la casa de mi abuela, haciendo solo delivery, con muchos tropiezos, aprendiendo del negocio con aciertos y errores propios que solo con la experiencia uno aprende a resolver”, comenta Stefano.

Su pizzería es reconocida por una técnica particular que garantiza un sabor inigualable y es la pizza más crocante: la salsa de tomate se prepara lentamente en ollas de hierro y la cocción se realiza a la leña, en el tradicional tatakua. Este cuidado en la producción se convirtió en su marca, permitiéndole crecer y formalizar su negocio. Hoy, tras cuatro años, el aprendizaje en Recoleta ha pulido cada detalle para hornear sus pizzas.

Para Stefano, la semilla de la generosidad había sido sembrada en su infancia. Por ello, estaba convencido de que el éxito no se mide solo en ventas. El verdadero motor de su crecimiento es un principio que jamás olvida: la solidaridad.

“El crecimiento que tuve se debe a que yo no me olvidé de los más necesitados. Compartir lo poco o mucho que tenemos, mirar más allá. Mi intención es siempre dar un mensaje a los jóvenes: que le den importancia a la vida”.

Esta vocación tiene raíces profundas. Desde niño, Stefano vio a su madre ayudar a los más desfavorecidos, una conducta que él imitó con tal intensidad que su madre debía controlarlo para que no regalara toda su ropa.

El compromiso solidario de Stefano siempre fue una promesa formal: “Siempre me puse como meta que cuando formalice mi negocio, iba a compartir un porcentaje con niños en situación de calle”. Incluso antes de la pizzería, él ya recorría las calles por iniciativa propia, llevando yogur, agua, frutas o galletitas a los niños que encontraba.

Al lograr establecer su local, pudo escalar con su ayuda. Su estrategia se centró en los niños más vulnerables, visitando las salas de oncología pediátrica de los hospitales de Clínicas y Acosta Ñu.

Para ese primer acercamiento, se disfrazaba de payaso, llevando regalos y alegría. Ese fue el primer paso para su gran compromiso: ofrecer a los padres la ayuda que se convertiría en el corazón de su misión: donar la totalidad de las ventas de una noche de la pizzería a un caso particular. Así empezaron las Noches Solidarias, donde a través de redes sociales convoca a clientes y amigos a comprar las pizzas de esa fecha especial y así poder dar un alivio a muchos pacientes: niños, niñas y adolescentes.

El involucramiento de Stefano tiene un toque más potente, ya que, al ser padre de tres niños, su empatía y sensibilidad solo aumentaron. A pesar de las luchas personales diarias, tanto a nivel profesional como personal, su compromiso sigue firme para tratar de llevar un poco de tranquilidad tanto a padres como a pacientes oncológicos que, según el emprendedor, le dan mucho más de lo que él puede entregarles. “Es una enseñanza constante, aprendizaje y crecimiento para ser cada vez mejores seres humanos”, afirma.

Uno de sus beneficiarios fue Yan, de 14 años, quien lamentablemente no pudo superar la enfermedad. Al ser consultado sobre si podía conversar con Dios, él respondió que sí, y que Dios le decía que la vida es un regalo, que debemos disfrutar mientras estemos aquí, tratar de ser mejores, perdonar y siempre ayudar a los que más necesitan, porque él nos está preparando un lugar especial para cada uno. Esta frase se volvió una guía para Stefano, quien demuestra que el esfuerzo emprendedor y la generosidad pueden ir de la mano, con un mensaje claro y poderoso: “Estoy seguro de que acá estamos para compartir y ayudar a quienes más necesiten…”.

Steffano, un ejemplo de esfuerzo y solidaridad.

También te puede interesar

Últimas noticias