La aplicación nació después de una experiencia de estudios en el exterior. Busca replicar en el país el estilo de convivencia entre diferentes personas que tienen un mismo objetivo, alcanzar sus sueños sin la presión del alto costo de un techo. También significa encontrar compañía.
¿Cuántos sueños se quedan a medio camino por culpa de un alquiler imposible? Jóvenes del interior con beca en Asunción, profesionales que encuentran trabajo lejos de casa, personas que quieren independizarse, pero no pueden pagar un departamento solas. De esa frustración nació Jo’ári, la primera plataforma de alquiler compartido de Paraguay, un sitio donde “buscar techo” también significa encontrar compañía.
Detrás del proyecto están Pedro Valdovinos y Andrea Nagy. La idea empezó a tomar forma en el 2020, cuando Valdovinos volvió de un viaje de estudios a Melbourne, Australia, una ciudad donde compartir departamento es casi un rito de paso entre estudiantes y trabajadores jóvenes. “Allá vi que era normal compartir no solo los gastos, sino la vida. Pensé en todos los chicos del interior que sueñan con venir a Asunción y se quedan sin hacerlo por no encontrar dónde vivir”, recordó.
Jo’ári –“estar cerca” en guaraní– quiere justamente eso: acercar. A través de su web, los usuarios pueden registrarse, crear un perfil y contar quiénes son y qué buscan. El sistema funciona como una red social: cada persona puede detallar cuánto puede pagar, en qué zona quiere vivir, si madruga o se queda hasta tarde, si prefiere un ambiente tranquilo o lleno de gente. Cuanta más información, mejores son las coincidencias.
Luego llega el momento de la búsqueda. En la sección de “Roommates”, los usuarios usan filtros por precio y ubicación para encontrar posibles compañeros de alquiler. Algunos ya tienen una habitación libre y quieren compartirla; otros buscan desde cero un lugar para vivir cerca del trabajo, la facultad o sus proyectos. Cuando aparece un candidato interesante, basta con escribirle y empezar a conversar. Muchas veces el primer paso no es hablar de dinero, sino de música, mascotas y rutinas, esos detalles que hacen a la convivencia.
También existe la sección de “Propiedades”, pensada para quienes tienen un espacio disponible. Si el propietario piensa vivir allí y solo necesita completar el departamento, puede registrarse como roommate y marcar la opción “Tengo un espacio para compartir”. Si, en cambio, quiere alquilar el lugar pero no convivir, puede publicar directamente su inmueble y esperar que la comunidad encuentre la combinación adecuada.
Los creadores insisten en que el alquiler compartido, por más cotidiano que sea en países como Estados Unidos o Australia, no deja de ser una decisión importante. Por eso la plataforma recuerda que la confianza se construye con tiempo: pedir referencias personales, solicitar comprobantes de trabajo o de IPS, buscar amigos, reunirse en un café antes de firmar nada.
Más allá de formularios y fotos de perfil, Jo’ári busca generar impacto económico, social y ambiental. Económico, porque compartir alquiler, servicios y transporte permite que el sueldo alcance más y que vivir cerca de la facultad o del trabajo deje de ser un privilegio. Social, porque invita a negociar reglas y aprender a convivir con alguien distinto. Ambiental, porque vivir más cerca reduce traslados largos y la huella que dejan los vehículos a diario.
En muchos de los relatos que recibe el equipo se repite la misma historia: alguien que estaba a punto de renunciar a un sueño por los costos de la ciudad encuentra un cuarto accesible y un roommate con quien compartir no solo los gastos, sino la ansiedad del primer día de clases o el cansancio después del turno noche. Donde antes había soledad y números en rojo, aparecen mate compartido, tareas divididas y la sensación de que el futuro es un poco más posible.
Cuando la búsqueda termina, el vínculo con la plataforma no tiene por qué seguir expuesto. Si un usuario ya encontró con quién vivir, puede entrar a la sección de preferencias y, con unos clics, hacer que su perfil quede visible “solo para mí”. La puerta digital se cierra, mientras la de la nueva casa se abre a una etapa distinta.
En un contexto de alquileres altos y salarios ajustados, Jo’ári se suma a una tendencia global: usar la tecnología para compartir recursos en lugar de acumularlos en soledad. No resuelve el acceso a la vivienda, pero ofrece una herramienta concreta para que menos sueños se queden afuera por culpa de un contrato. Entre formularios, filtros y mensajes privados, lo que está en juego es poder vivir cerca de lo que uno ama, sin tener que dejarlo todo en el intento.


