En el corazón del Chaco paraguayo, el municipio de Boquerón decidió dar un paso valiente: hacerse responsable de cada bolsa de basura, de cada envase, de cada resto que antes se perdía en vertederos improvisados. Nació así el Plan Municipal de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (Pmgirsu) 2024-2029, más que un documento técnico: una hoja de ruta para cuidar la casa común.
Boquerón, en el XVI departamento, con sus 13.000 habitantes de Neuland, Villa Choferes del Chaco, comunidades indígenas nivaclé, Enhlet y manjui, y colonos menonitas, es un territorio diverso. Allí, donde cada litro de agua y cada árbol cuentan, también la basura importa. Cada persona genera en promedio 260 gramos de residuos por día.
La gestión de estos residuos está a cargo de la Asociación Colonia Neuland, bajo la supervisión de la municipalidad. A través del Centro de Procesamiento de Residuos Sólidos y Líquidos (Cepresol), se realiza la recolección, el transporte y la disposición final. Detrás de cada camión que recorre las calles hay manos que trabajan y un compromiso con la salud de la comunidad.
El Pmgirsu, elaborado en el marco del proyecto Folur, liderado por el Mades con apoyo del PNUD y alineado con la Ley Nº 3956/2009 de Gestión Integral de los Residuos Sólidos, marca un antes y un después. Su propósito es claro: reducir los impactos de los residuos sobre la salud pública y el ambiente, y abrir camino a la economía circular, ese modelo que invita a reutilizar, reciclar y recuperar materiales.
Para lograrlo, el plan fija objetivos que hablan de dignidad y justicia ambiental: garantizar un servicio continuo y de calidad; asegurar que cada usuario pueda acceder, participar y fiscalizar; disminuir la cantidad de residuos que generamos y aprovechar al máximo lo que ya no usamos, y promover la educación ambiental como herramienta para transformar hábitos.
Estos objetivos se vuelven acción a través de seis programas. El primero se centra en el fortalecimiento institucional: mejorar la estructura organizativa, definir las funciones de cada dependencia, elaborar una Ordenanza Municipal específica y un Plan de Ordenamiento Urbano y Territorial que incluya la zonificación para el tratamiento de residuos. También contempla crear un fondo especial con las multas a quienes no respeten las normas.
Otro eje aborda el almacenamiento adecuado de los residuos, con normas claras que, convertidas en ordenanza, orienten a hogares, comercios e instituciones sobre cómo manejar sus desechos desde el primer momento.
El programa de recolección busca ordenar y hacer más eficiente el servicio: definir zonas, frecuencia y horarios, estudiar qué tipo de residuos se generan y en qué cantidad, crear incentivos para el pago del servicio tercerizado. Se trata de que ningún barrio quede atrás y de que la basura no se acumule en las esquinas.
Otro programa clave es el de aprovechamiento o valorización. Allí se trabaja para que la separación en origen sea una costumbre cotidiana: que las familias distingan lo reciclable de lo orgánico, que el compost se convierta en abono para los suelos chaqueños, que los materiales reciclables encuentren un nuevo ciclo de vida.
La disposición final también se transforma. El plan prevé instalar una báscula para pesar los camiones y registrar lo que se lleva a la planta, crear espacios especiales para almacenar temporalmente neumáticos fuera de uso y elaborar planes de remediación de los antiguos vertederos de Neuland y Villa Choferes del Chaco. Cerrar un basural no es solo poner un candado: es sanar el suelo y el agua del lugar.
Finalmente, la educación ambiental atraviesa todo el Pmgirsu. Capacitar a funcionarios, realizar talleres con escuelas y comisiones vecinales, promover el reciclaje en instituciones, usar la página web y las redes sociales para sensibilizar: todo suma para que cada vecino y cada vecina se sienta protagonista. La gestión de residuos no es “tarea de la municipalidad” solamente, es un pacto comunitario por la vida.
Boquerón demuestra que, incluso en un territorio desafiante como el Chaco, es posible construir soluciones integrales y sostenibles. Este plan no solo organiza la basura: cuida la salud, protege la tierra y deja un mensaje para otros municipios del país. Cuando una comunidad decide mirar de frente sus residuos y convertirlos en oportunidad, está diseñando un futuro más justo y habitable para todos.




