La Tribuna que cambia el juego

I Love Paraguay, la mesa guaraní que conquistó Nueva York

“Authentic Paraguayan cuisine”. Así describen muchos a I Love Paraguay, el restaurante que desde el 2007 en Sunnyside, Queens, convirtió la nostalgia…

| Por La Tribuna

“Authentic Paraguayan cuisine”. Así describen muchos a I Love Paraguay, el restaurante que desde el 2007 en Sunnyside, Queens, convirtió la nostalgia de miles de compatriotas en una mesa colmada de sabores guaraníes. La historia, sin embargo, se cocina desde el 2004, cuando Nancy Ojeda, su esposo Carlos y sus hijos se preguntaron cómo cumplir su sueño americano haciendo lo que mejor sabían y más amaban: cocinar y compartir la comida de su tierra.

La primera estación fue Little Paraguay Deli, en West Harrison, un pequeño local de delicatessen donde la clientela era casi exclusivamente paraguaya y que durante tres años fue un éxito. Con esa base —y con la convicción de que la nostalgia también puede ser un modelo de negocio— en julio del 2007 abrieron I Love Paraguay Restaurant en el barrio con mayor concentración de compatriotas.

Es un emprendimiento familiar: su hija Natalia y su yerno, su hijo Fabricio y su esposa, todos forman parte del día a día. Nada es improvisado. Nancy es de la primera promoción del Máster en Repostería con Aída de Hutteman; tiene título en cocina paraguaya con María de los Ángeles de Villamayor y estudió panadería en la Primera Escuela O’Hara. Antes de emigrar, había administrado en Asunción el restaurante Petti Amour, una hamburguesería y una cantina escolar. “Me estaba preparando sin imaginar dónde lo iba a necesitar”, recuerda. Llegó a Estados Unidos para hacer lo que sabía hacer: cocinar y emprender.

El concepto fue claro desde el inicio: exclusivamente comida paraguaya, hecha con producto fresco y respeto por la receta. Las empanadas son la estrella; los caldos —vori vori, soyo, puchero, poroto kesu con tortillitas y la sopa de pescado— se disfrutan “hasta la última gota”; y las parrilladas y los cortes a la plancha completan la propuesta. Para abrir el apetito, infaltables la sopa paraguaya y el chipa guasu. En los meses fríos, el cocido, el mbeju y la chipa almidón abrigan el paladar; en verano, el ice cocido se combina con pastafrolas y alfajores.

La clientela se transformó con los años. “Al principio éramos un refugio de nostalgia”, dice Nancy. “Hoy nos visita una mezcla de nacionalidades: llegan por curiosidad y vuelven por sabor y atención”. El boca a boca traspasó el barrio y, con el tiempo, medios como The New York Times y ABC News se hicieron eco de estas delicias. Los fines de semana el salón suele estar lleno; la casa recomienda reservar para asegurar mesa. También creció el take-out, con pedidos constantes para llevar. Hoy emplean a 13 personas.

Abrir y sostener un restaurante en Nueva York supuso aprender regulaciones estrictas, formar equipos y atravesar ciclos económicos complejos. “No hay fórmulas mágicas: pasión, constancia y excelencia”, resume Nancy. La premisa se nota en el cuidado de los detalles: porciones generosas, platos que llegan humeantes, tiempos razonables y una ambientación que rinde homenaje a Paraguay sin caer en clichés. El salón es amplio y luminoso. Es acogedor

I Love Paraguay también funciona como vitrina cultural. Cada receta cuenta una historia: ingredientes sencillos, técnicas transmitidas y una memoria afectiva que viaja en cada bocado. Esa pedagogía gastronómica acercó el mapa paraguayo a paladares diversos y derribó prejuicios: la cocina guaraní no es solo acompañamiento; puede estar en el centro de la escena de una metrópoli global. Para la diáspora, además, es un rito: un lugar para celebrar, despedirse o simplemente llevar un trozo de país en forma de sopa paraguaya o de chipa recién horneada. “Queremos que todos puedan venir a saciar la nostalgia que nosotros mismos teníamos”, repite Nancy.

La dirección es 43-16 Greenpoint Ave., Sunnyside, Queens, Nueva York. Más información en su web oficial (ilovepy.com) y en la cuenta @iloveparaguayrestaurant, donde se actualizan horarios y carta. “Estamos agradecidos por llegar hasta aquí —dice Nancy—. Abrir sucursales siempre está en los planes, pero cada paso lleva su tiempo”. Por ahora, la prioridad es cuidar lo esencial: el sabor que devuelve a casa y el servicio que convierte una salida en un recuerdo. Porque, en pleno Nueva York, este restaurante logró lo improbable: que una comunidad se reconozca en sus platos y que el resto del mundo descubra, bocado a bocado, la riqueza de la cocina paraguaya.

(Fuente: IP Paraguay)

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