Sueño hecho marca y el legado de la abuela Madelina

Lo que nació como un gesto para honrar la memoria de su abuela se transformó, siete años después, en un emprendimiento consolidado con presencia en m…

| Por La Tribuna-
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Lo que nació como un gesto para honrar la memoria de su abuela se transformó, siete años después, en un emprendimiento consolidado con presencia en más de 150 puntos de venta en Paraguay. Tana Valinotti, contadora de profesión y gastronómica por vocación, es la creadora de Alfajores Madelina, una marca que combina tradición, innovación y resiliencia en un mercado cada vez más competitivo.

El origen: un sueño y una promesa

La chispa inicial llegó en el 2017, cuando Tana soñó con su abuela Madelina, fallecida en el 2003. “Me decía que estaba triste porque ya nadie se acordaba de ella”, recuerda. Ese episodio la llevó a crear un producto en su memoria, con un logotipo que la representa como una abuelita sonriente. Eligió los alfajores como emblema de la marca y comenzó elaborando versiones tradicionales en la cocina de su madre, con apenas una batidora y un horno casero.

El giro llegó pronto: su padre, diabético insulinodependiente, no podía probar los alfajores azucarados. Esa necesidad familiar la llevó a experimentar con recetas sin azúcar. Así surgieron los primeros alfajores de avena, endulzados de manera saludable y pensados para personas con restricciones alimentarias. La respuesta positiva alentó a dar el siguiente paso: ingresar a supermercados, iniciando en Casa Rica.

Innovación y el boom keto

El gran salto de Madelina llegó con el auge de la dieta keto y los productos bajos en carbohidratos. “Nos dimos cuenta de que no bastaba con sacar el azúcar; había que reducir también los carbohidratos”, explica Valinotti. Así nació una línea especial elaborada con harina de almendra y coco, endulzada con stevia y eritritol, ingredientes que no elevan el índice glucémico y son aptos para diabéticos y celíacos.

Los alfajores keto, cubiertos con chocolate al 72% sin azúcar, se ofrecen en cuatro variedades: manjar de chocolate, leche condensada con coco, frutos rojos y mantequilla de maní. Su llegada coincidió con una mayor demanda de alimentos funcionales y saludables, lo que permitió a la marca expandirse rápidamente a cadenas como Arete, Los Jardines, Supermás, 120 Bis y decenas de tiendas naturales en todo el país.

De la cocina casera a los hornos industriales

El crecimiento fue paulatino y siempre financiado “a pulmón”. Los primeros premios obtenidos en certámenes para microemprendedores permitieron reinvertir en maquinaria industrial, mesas de trabajo y hornos más potentes. “Nunca quise endeudarme. Prefiero crecer de a poco, pero con seguridad”, afirma la fundadora.
Con esa filosofía, Madelina se transformó en un referente de la innovación local en repostería saludable, con un modelo de negocio que combina producción artesanal, certificaciones de calidad y expansión sostenible.

El camino no estuvo libre de obstáculos. Desde los inicios, Valinotti tuvo que enfrentar la falta de capital, la competencia creciente y las exigencias regulatorias. Uno de los apoyos clave llegó con la cédula Mi Pymes, que le otorgó beneficios como descuentos en tasas de Dinavisa, esenciales para mantener el registro sanitario. “Eso me ayudó bastante. Pero en lo impositivo y bancario todavía no vi beneficios”, lamenta.

Otro desafío fue la falta de asesoría técnica en los primeros años. “Cuando estudié gastronomía no me enseñaron nada sobre este tipo de productos. Tuve que aprender probando, investigando recetas y combinaciones para que el sabor sea rico y no invasivo. No quería que mis alfajores sepan a cartón, como pasa con algunos dulces sin azúcar”, recuerda entre risas.

Un mercado en expansión

El crecimiento de diagnósticos de celiaquía y la tendencia hacia la alimentación consciente abrieron nuevas oportunidades. “Hoy mucha más gente busca productos sin gluten y sin azúcar, y eso nos permitió expandirnos”, señala Valinotti. Sin embargo, también reconoce que su éxito atrajo imitaciones: “Ahora hay más competencia en productos keto. Pero lo importante es enfocarse en los objetivos y no mirar a los costados”.

La empresaria subraya que la clave está en mantener la calidad. “Siempre busqué que al probar un alfajor Madelina no quede ese sabor amargo de edulcorante en el paladar. El secreto está en el equilibrio de los ingredientes”, explica.

De las largas jornadas en la cocina familiar al reconocimiento en concursos nacionales, la historia de Alfajores Madelina es también la de una emprendedora que decidió arriesgarse. “Si mirás solo lo difícil, nunca arrancás. Siempre habrá competencia, gente mala o problemas, pero lo importante es fijarse en la meta y empujar hacia ella”, reflexiona Valinotti.

Hoy, con una red de distribución consolidada y un producto que combina innovación y tradición, Tana siente que cumplió la promesa hecha a su abuela: mantener vivo su recuerdo en cada alfajor. “Madelina ya no es solo un nombre; es una marca que representa esfuerzo, amor y un legado familiar que crece día a día”.

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