La Tribuna que cambia el juego

Delia regresa al campo y en familia siembra futuro

Delia Bracho, de 34 años, es una joven madre rural que decidió volver a su comunidad en Calle Quiindy, distrito de General Isidoro Resquín (San Pedro…

| Por La Tribuna-

Delia Bracho, de 34 años, es una joven madre rural que decidió volver a su comunidad en Calle Quiindy, distrito de General Isidoro Resquín (San Pedro), después de pasar una década trabajando en la ciudad. Allí buscó terminar sus estudios de técnica farmacéutica, pero las dificultades económicas la obligaron a abandonar la carrera a cinco meses de graduarse.

Hoy, junto a su hijo de 10 años y su hija de 6, reconstruye su vida a partir de la producción agrícola familiar. Su historia refleja el camino de muchas mujeres rurales paraguayas que, con esfuerzo y resiliencia, encuentran en la tierra la posibilidad de sostener a sus familias y proyectar un futuro.

Volver a empezar

Delia regresó sin título académico, pero con la decisión firme de quedarse. Se apoyó en su madre y comenzó a reorganizar su economía a partir de la chacra familiar. “Me decidí y vine sola. Alcé a mis hijos y vine. Y me la estoy jugando, porque es duro si no hay alguien que te ayude”, recuerda.

En su finca cultiva mandioca, batata, arroz, maíz criollo, porotos, sorgo y banana. También cría aves de corral para consumo y venta. En la última campaña cosechó arroz destinado a semillas, y con los distintos tipos de maíz elabora chipa guazú, tortillas y otros platos tradicionales. Para obtener ingresos extra, vende excedentes en ferias locales y en las ciudades cercanas.

Proyecto PROEZA

El cambio decisivo llegó cuando fue seleccionada para participar en el Proyecto PROEZA (Pobreza, Reforestación, Energía y Cambio Climático), liderado por el Gobierno del Paraguay, con financiamiento del Fondo Verde del Clima y la cooperación técnica de la FAO.

El programa integra sistemas agroforestales que combinan yerba mate, cítricos y especies nativas, junto con cultivos de autoconsumo, a fin de mejorar los ingresos, fortalecer la seguridad alimentaria y contribuir a la reforestación.

Delia optó por plantar naranjos y árboles nativos, además de un perímetro de eucaliptos que protege sus cultivos frente a fumigaciones y cambios climáticos. “Miro la chacra y veo cómo está creciendo y yendo todo bien. Tengo esperanza de salir adelante. De producir buenas frutas de naranja”, afirma con orgullo.

Aunque los resultados económicos se verán a mediano plazo, la iniciativa ya le dio estabilidad y confianza. “Si los cultivos dan buenos resultados, quiero terminar mis estudios para ayudar a mis hijos. Estoy dispuesta a trabajar y hacer cualquier cosa para eso”, asegura.

La experiencia también refuerza su convicción de que es fundamental que los jóvenes rurales tengan oportunidades educativas cerca de sus comunidades o acceso a becas, para que no deban emigrar forzosamente a las ciudades.

Mujeres rurales y FAO

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE, 2023), en Paraguay viven más de 1 millón de mujeres en zonas rurales, de las cuales apenas el 11% cuenta con cobertura de IPS y la mayoría enfrenta condiciones de informalidad y precariedad laboral.

La FAO recuerda que el rol de las mujeres rurales va mucho más allá de la producción de alimentos: son guardianas de semillas criollas, promotoras de prácticas agrícolas sostenibles y sostén de la seguridad alimentaria de sus comunidades. Sin embargo, aún enfrentan desigualdades que limitan su desarrollo pleno.

Por ello, el acompañamiento técnico y financiero de proyectos como PROEZA es clave para cerrar brechas, fomentar la equidad y demostrar que la inclusión productiva de las mujeres rurales no solo transforma familias, sino también territorios enteros.

Delia lo resume con sencillez: “Tengo esperanza de salir adelante”. Su parcela, que hoy combina naranjos, aves de corral y cultivos de autoconsumo, es también un símbolo de futuro y de resiliencia para el Paraguay rural.

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