El economista paraguayo y asesor del presidente salvadoreño Nayib Bukele resume en esta entrevista los pilares de su serie sobre el déficit fiscal en Paraguay. Analiza las causas del desbalance, propone reformas profundas en pensiones, gasto público e inversión, y traza una hoja de ruta hacia el “déficit cero”. Además, anticipa su próxima saga: el potencial energético del país.
En tu serie sobre el déficit fiscal en Paraguay, planteaste una visión ambiciosa para alcanzar el “déficit cero”. ¿Qué te inspiró a escribir esta serie?
Como paraguayo y profesional en finanzas soberanas, he visto cómo países como Chile transformaron sus economías con disciplina fiscal. El país, con su potencial para liderar el crecimiento regional, está frenado por un déficit fiscal crónico producto de desequilibrios que no hemos podido aún resolver. La saga, respaldada por datos del Banco Mundial, el FMI y el BID, es mi aporte para desglosar el problema y ofrecer una hoja de ruta a lo que yo considero es el método para poder dar solución.
En tus artículos, señalabas que el aumento salarial de 2012 y la débil Ley de Responsabilidad Fiscal de 2013 como puntos de inflexión. ¿Por qué no funcionó esa ley?
La Ley 5098/13 fue un paso adelante al limitar el déficit al 1,5% del PIB, pero le faltó fuerza. Las excepciones por “emergencias”, como en 2015 (déficit del 2,1%) y 2019 (2,8%), permitieron desbordes y para que realmente cumpla con su cometido hay que adosarle sanciones penales por incumplimiento; nosotros necesitamos una regla fiscal estructural, como la de Chile, que ajuste el gasto a los ciclos económicos. El aumento del 38% en salarios públicos en 2012, sin ingresos que lo respalden, mostró que falta una cultura de manejo del gasto público con calidad en la gestión.
Señalaste que la sequía de 2019 y la pandemia de 2020 dispararon el déficit al 6,1% del PIB. ¿Cómo evalúas la respuesta del gobierno?
Fue una respuesta necesaria pero muy cara. La Ley de Emergencia financió el déficit con deuda externa, mientras los ingresos cayeron 12% por la dependencia de la soja y la carne, que generan el 60% de nuestras divisas. El gasto en salud y programas como Tekoporã se disparó. Propongo diversificar la base tributaria con un IVA simplificado y usar tecnología para optimizar subsidios, como lo exige el acuerdo con el FMI de 2022. Así evitamos que una crisis vuelva a golpearnos.
En “El Pacto con el FMI” mencionas metas de déficit del 3% en 2024 y 1,5% para 2026. ¿Es posible cumplirlas?
Sí, es posible, pero requiere compromiso. El acuerdo de 2022, con USD 400 millones de apoyo, pide elevar los ingresos tributarios al 15% del PIB y controlar gastos rígidos, que consumen el 80% del presupuesto. El año pasado los ingresos subieron 9,3%, un buen signo y un éxito poco difundido como merecía por el Gobierno. La clave está en digitalizar la recaudación, como en El Salvador por ejemplo, con resultados fantásticos, y focalizar programas sociales para maximizar su impacto. Pero las presiones sociales y los gastos fijos, como salarios y pensiones, exigen voluntad política para avanzar.
La Caja Fiscal parece una bomba de tiempo. ¿Cómo propones desactivarla?
La Caja Fiscal, con un déficit del 38% este año colapsará sin reformas, costando USD 600 millones anuales al Tesoro. Propongo una Superintendencia de Jubilaciones autónoma, que supervise un sistema de capitalización individual con AFP privadas. Esto incluye aportes ajustados dinámicamente (+1% por década), reservas líquidas mínimas y un fondo de estabilización para crisis. La reforma del pasado año, que subió aportes al 16%, es un inicio, pero necesitamos indexación actuarial y eliminar privilegios en sectores como salud y seguridad.
Propones una Superintendencia de Jubilaciones autónoma. ¿Cómo funcionará y por qué es clave para el déficit cero?
La Superintendencia (ya hay una ley) será un órgano técnico independiente, inspirado en la Superintendencia de Pensiones de Chile, con un Superintendente nombrado por cinco años y un Consejo de Seguridad Social con representantes de trabajadores, empleadores y gobierno. Regulará las AFP´s privadas, asegurando retornos del 5-7% con inversiones diversificadas. Su autonomía blindará las pensiones de presiones políticas, y su fondo de estabilización protegerá a los jubilados en crisis. Esto reducirá la presión sobre la Caja Fiscal, ahorrando USD 600 millones anuales y acercándonos al déficit cero.
El 54,1% de los ingresos se va en gasto corriente. ¿Cómo redirigir esos recursos?
El Banco Mundial estima que el 30% de ese gasto es ineficiente. Propongo recortar el sector público en un 15% con jubilaciones voluntarias, optimizar compras públicas con licitaciones digitales y focalizar programas como Tekoporã con tecnología. Esto liberaría recursos para educación e infraestructura, que generan mayor retorno. Se que mi enfoque es neoliberal, pero estoy convencido que, con menos Estado hay más eficiencia con el único objeto para que cada guaraní cuente.
En la serie hablaste de la baja eficiencia de la inversión pública. ¿Qué medidas concretas sugieres?
El BID muestra que cada dólar invertido genera solo 0,5 dólares de retorno, frente a 1,1 en la región. En 2025, la inversión pública creció 84,3%, lo cual es loable y otro éxito no comunicado por nuestro gobierno. Propongo asociaciones público-privadas (APP), para financiar infraestructura, reducir burocracia y aumentar transparencia en licitaciones. Esto atraerá inversión privada, disminuirá la dependencia de deuda y nos acercará al déficit cero sin sacrificar el crecimiento.
Como experto en deuda soberana, ¿cómo encaja el déficit cero en la estrategia de financiamiento del país?
El déficit cero reduce la dependencia de deuda externa, que ya pasó el 40% del PIB. Con las AFP privadas canalizando ahorros a bonos privados, como propongo, podemos ahorrar USD 500 millones anuales en emisión de deuda post-2030, alineándonos con las metas del FMI. En Chile, la disciplina fiscal bajó los costos de financiamiento en 200 puntos básicos, esto es demasiado ahorro en tasa y a la vez nos permitirá fortalecer aún más la credibilidad de Paraguay ante los mercados globales.
Algunos critican que las AFP privadas podrían beneficiar solo a los formales y aumentar la desigualdad. ¿Qué respondes?
Es una preocupación válida, pero mi propuesta es inclusiva. Incluye un pilar no contributivo con una pensión mínima de Gs. 1 millón para mayores de 65, financiada por impuestos progresivos, y subsidios rurales para el 60% de trabajadores informales. Las AFP, con comisiones máximas del 2.5% y supervisión estricta, generarán retornos del 5-7%, como es la media regional. Incentivos como deducciones fiscales del 50% en el IRP y aportes flexibles vía apps digitales aseguran que los informales y rurales no queden afuera, como vimos en México, donde programas focalizados cubrieron el 40% del sector rural.
En “El Sueño del Déficit Cero” y “El Legado de la Saga”, planteas una visión a largo plazo. ¿Qué necesita el país para lograrlo?
Lograr el déficit cero requiere un crecimiento del PIB superior al 7%, factible con nuestro liderazgo regional proyectado. Necesitamos digitalizar la recaudación, mejorar la educación y optimizar la inversión pública. La Superintendencia de Jubilaciones, con AFP privadas, asegurará pensiones sostenibles. Con disciplina fiscal podemos ser un modelo de prosperidad en un modificado para hacer más ágiles las APP´s de acá al 2030.
¿Cuál es la próxima saga que se viene?
A los lectores gracias por leer, debatir, compartir y empujar estas ideas de que el equilibrio fiscal no es un número frío en una planilla de Excel: es la base fuerte de un Paraguay que define su camino a la prosperidad. Siempre reafirmo que somos el mejor país del mundo por nuestro ADN heredado que nos levantó después del 70, que nos hizo ganar el Chaco y hoy ese ADN nos exige disciplina y transparencia.
En los próximos días estaremos publicando la saga más potente de todas. Vamos a hablar de ENERGÍA. De cómo convertir al país en la verdadera Arabia Saudita verde del siglo XXI. Cuánto vale realmente Itaipú y Yacyretá en 2025 y los años que vienen. De data centers, hidrógeno verde, créditos de carbono y mercados internacionales que están desesperados por energía limpia y barata.










