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El Almacén del Celíaco: una historia de amor, resiliencia y compromiso

La Tribuna que cambia el juego. Hace once años, la vida de Liliana Lezcano dio un giro inesperado. Un diagnóstico de alergia crónica al gluten la obl…

| Por La Tribuna

La Tribuna que cambia el juego. Hace once años, la vida de Liliana Lezcano dio un giro inesperado. Un diagnóstico de alergia crónica al gluten la obligó a cambiar radicalmente su alimentación. En aquel tiempo, las opciones sin gluten en Paraguay eran prácticamente inexistentes. Apenas podía conseguir pan casero de alguna señora de barrio, pero la pasta, las empanadas o las tartas quedaban fuera de su alcance. Fue entonces cuando decidió tomar el desafío en sus propias manos: investigar, probar y crear recetas que le permitieran comer lo mismo de antes, pero seguro y sin gluten.

Con el apoyo de su familia y la guía de médicos y grupos de personas celíacas, Liliana comenzó a perfeccionar recetas que sorprendieron a todos por su sabor y textura. “Tu comida no parece sin gluten”, le repetían sus amigos. Ese aliento se transformó en motor para abrir, hace ya diez años, El Almacén del Celíaco, un espacio pionero que nació con un propósito social: ofrecer alimentos ricos, seguros y de calidad a quienes no tenían alternativas en el mercado.

Abogada, traductora pública y periodista de profesión, Liliana nunca buscó hacer de la gastronomía su principal fuente de ingresos. Sin embargo, su compromiso con la comunidad celíaca creció junto con el emprendimiento. Hoy, El Almacén del Celíaco cuenta con 15 productos con registro sanitario que se distribuyen en cadenas de supermercados como Casa Rica, Arete, Villadela o Jacarandá, además de ventas directas desde su centro de producción. Pizzas, empanadas, ravioles o alfajores sin gluten y sin azúcar forman parte de una oferta que también conquista al público diabético.

El crecimiento de la marca, que comenzó como un esfuerzo familiar, se sostiene en principios innegociables: responsabilidad, conciencia y respeto por la salud de cada consumidor. Liliana insiste en que producir para celíacos no es una moda ni un nicho fácil, sino un compromiso de vida. “Cuando alguien compra tu producto confía en que no se va a enfermar después de comerlo”, señala. Por eso, el cumplimiento estricto de las normas sanitarias y la capacitación constante forman parte de su filosofía.

Además de su faceta empresarial, Liliana lleva adelante desde hace seis años talleres gratuitos de cocina sin gluten, principalmente en la Municipalidad de Lambaré. Allí, entre 100 y 150 personas aprenden recetas básicas y seguras para cocinar a sus familiares. No se trata solo de preparar un pan o una pizza, sino de comprender la importancia de evitar la contaminación cruzada y garantizar que la comida llegue limpia y apta a la mesa del celíaco. Estos espacios han generado testimonios conmovedores: madres agradecidas por poder cocinar de manera segura para sus hijos, familias enteras aprendiendo a organizar sus cocinas y comunidades fortalecidas en la empatía.

El mensaje de Liliana es claro: la celiaquía debe ser reconocida como un problema de salud pública y el Estado debe garantizar igualdad de oportunidades para quienes conviven con esta condición. Mientras tanto, ella y su equipo siguen escribiendo una historia que mezcla pasión, resiliencia y solidaridad. Una historia en la cual la comida no solo alimenta, sino que también devuelve dignidad, inclusión y esperanza.

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