Editorial

La desinformación y la sobresaturación informativa

El doctor Guillermo Sequera, quien fue director general de Vigilancia de la Salud, habló en la Tribu 650 AM sobre la desinformación y la credibilidad…

| Por La Tribuna
Fake news. Mass media political propaganda. Unknown person spreading false information, misinformation in internet. Fraud and cheat content in social network

El doctor Guillermo Sequera, quien fue director general de Vigilancia de la Salud, habló en la Tribu 650 AM sobre la desinformación y la credibilidad, haciendo foco en su impacto en la salud. Aprovechamos su opinión para extender su dicho, pues, en verdad, afecta a todos los sectores. En lo que respecta a la prensa, específicamente, en ella está representada, una como causa y la otra como secuela convertida en desconfianza hacia lo publicado.

Sequera señaló que en el 2020 el principal problema no fue el dengue ni el covid-19, sino la pérdida de credibilidad. Advirtió que la desinformación se profesionalizó mediante narrativas armadas en redes sociales. Según apuntó, eso generó dudas sobre las vacunas y la transparencia estatal, lo que produjo un retroceso de confianza hacia la ciencia por el escepticismo ciudadano.

Las palabras de Sequera las tomamos por su valor en nuestra profesión. No hay nada peor que esa prensa que deliberadamente difunde la falsedad o usa la manipulación para engañar y polarizar. Si esos males erosionan la confianza en la salud pública, en los medios son como filosas navajas en el mismo corazón, ya que el deber de la prensa es con la verdad.

La desinformación socava no solo la confianza en la salud pública y la prensa, sino que, realmente, atenta contra las propias instituciones democráticas. En una puede provocar pánico social, en la otra pone en sospecha al periodismo, y en la sociedad resta categoría a las instituciones que hacen a la República.

Sin embargo, es bueno aclarar que una cosa es la información errónea, que hasta puede ser una difusión involuntaria de datos inexactos y otra es la desinformación malintencionada. En este segundo caso ya puede haber malicia al buscar el daño reputacional o institucional.

Tomamos las palabras de Sequera, puesto que así como él sintió los síntomas de contenidos malintencionados, la sociedad en general está en riesgo si es complaciente con dicho mal. Es doloroso que las distorsiones vengan de las redes sociales, pero es más terrible cuando se distribuyen desde los medios de comunicación. ¡Eso es terrorífico!

En esta era, la llamada de la tecnología y la comunicación, más que nunca se debe saber detectar el objetivo que existe detrás de cada desinformación (malicia). Generar conciencia sobre la necesaria proactividad para distinguir el rumor es una forma de combatir sesgos y preservar la credibilidad social.

Lo apuntado por Sequera, aunque algunos dirán que no, es de interés nacional. Es peligroso que una nación caiga en la crisis de credibilidad, que se intensifica cuando la opinión pública no discrimina entre notas de calidad y noticias falsas. Es un flagelo que viene agravado, paradójicamente, por la sobresaturación informativa en este siglo XXI.

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